Graciela González y Susana Miller
entrevista exclusiva con Carlos Bevilacqua para El Tangauta

Pioneras en sus especialidades, Graciela González y Susana Miller comparten el orgullo de haber desarrollado sólidos sistemas pedagógicos para enseñar a bailar y para mejorar el nivel de los iniciados. En un ambiente poco acostumbrado a las mujeres exitosas, ambas tuvieron el coraje de ponerse al frente de una clase y hace años que recorren el mundo con sus nociones a cuestas. No son las únicas coincidencias que tienen, según se desprende de la charla que mantuvieron con el tangauta sobre la docencia, el rol femenino, el estilo milonguero y las tendencias actuales del baile social.

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¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan como docentes de baile?
SM:
El hecho de plantarte frente a una clase ya es un desafío. A veces hay personas que ya conocés, otras veces parte de la gente es nueva y siempre tenés que proponer algo que se pueda desplegar en el espacio físico disponible y que sea interesante para los que saben más y potable para los que saben menos. Por otro lado, tenés que manejar tus propias expectativas como enseñante. Yo antes pensaba que la gente tenía que aprender como en un pasaje de términos. Si el otro no aprendía era necesariamente porque yo no enseñaba bien. La verdad es que el otro tiene una determinada estructura física y psíquica, por lo cual va a recibir la información de una manera diferente que los demás. Hoy creo que uno es un agente de información, alguien que tiene que trasladar esa información sin apurar al alumno.
GG: Yo todavía siento el desafío de gente que viene a mi clase pensando: “Vos sos mujer, ¿a ver qué me podés enseñar?” Hasta que esa ansiedad se calma, me sigue costando encontrar por dónde llegarles. La última vez que fui a Rusia, por ejemplo, al principio me preguntaba con cierta ansiedad: “¿Cómo empiezo, cuál es el talón de Aquiles de esta gente?” Es una presión extra que siento por ser mujer.
SM: Eso tiene que ver con que antiguamente los que enseñaban tango eran los hombres, que explicaban también el rol femenino. La mujer como bailarina no tenía palabra. Esto de ser mujer y hacerse cargo de una clase es algo relativamente nuevo.
GG: Por eso las dos fuimos tildadas de transgresoras en esa época, porque empezamos a destacarnos, cada una en su disciplina, como mujeres. A la práctica que habíamos armado con Martha Antón y Verónica Alvarenga en La Galería venían mujeres que leían los volantes y decían: “Ah, pero ¿no hay hombres enseñando? Entonces no vengo”.
SM: La gente que es un poco más avispada descubre que las mujeres tenemos en el cuerpo una percepción que no tienen los tipos. Cuando bailaste con muchos buenos bailarines, ganás mucha experiencia en tu cuerpo sobre lo que es bueno y lo que no. Entonces, no es que sabemos a pesar de ser mujeres, ¡sino por ser mujeres!
GG: Todo eso lo tenemos en nuestra memoria corporal y desde ahí trabajamos.

¿Qué es lo más difícil del rol femenino?
GG: No pensar (ríe).
SM: Estoy de acuerdo. Destruir una pauta cultural de las últimas décadas que estableció la toma de decisiones como parte del rol femenino. La mujer llega al tango con muy poca inocencia. De pronto, resulta que en el tango tiene que responder en vez de actuar en primera instancia.
GG: No es casualidad que haya tanta gente bailando tango. Te devuelve a una claridad de roles impresionante. Las mujeres tenemos esencialmente una energía receptiva. Sólo porque tenemos que salir a trabajar para pagar las cuentas, nos transformamos en un agente mucho más activo. En la medida en que la mujer acepte su energía naturalmente receptiva, va a bailar mejor.

¿Cuál es el origen del estilo milonguero?
SM: Yo no lo viví, pero protagonistas del tango en los ’40 y ’50 cuentan que cuando pasaron de los clubes del barrio a pistas más chicas desarrollaron un baile más compacto, empujados también por el anonimato de lugares con menos grupos familiares. Pero más allá del nombre que le puse, no inventé nada. Lo que hice fue tratar de entender con un patrón lo que hacían los milongueros que bailaban ese estilo.
GG: El milonguero es uno de los tantos estilos de tango salón, que tienen que ver con las diferencias entre barrios y espacios. Creo que ese nombre surgió como una veta comercial, algo que se vendió así. Porque milongueros somos todos los que vamos a bailar a la milonga. En cuanto al estilo de baile en sí, en algún momento se promocionó como el único que se bailaba en Buenos Aires, cosa que tampoco era cierta. Hoy ya es una etiqueta y, como tal, hay que aceptarla.
SM: Pero son las grandes síntesis que hace la gente para tratar de entender algo complejo. Yo tampoco creo que haya sido lo único que se bailaba en Buenos Aires, ni nunca lo creí. Es verdad que la denominación es inexacta porque no abarca al tipo que va a la milonga y que no hace el estilo que yo enseño. Pero cuando empecé a enseñar, tenía que distinguir lo que yo hacía de alguna manera. Podría haberle puesto “Josesito” pero ¿quién iba a entender eso?
GG: Antes se llamaba Tango de Confitería. Más allá del nombre, se transformó en una moda y en un monstruo. Con esto no quiero ser peyorativa. Por otro lado, algunas posturas de moda limitan la movilidad de los dos miembros de la pareja. Muchas veces el hombre tiene que soportar un peso enorme porque la mujer cruza su brazo izquierdo en diagonal sobre su espalda.
SM: Yo creo que la forma de abrazar no influye en la dificultad para mover a alguien. Es verdad que en el tango muchas cosas se hacen por moda pero opto por no resistirme demasiado porque son fenómenos que igual te van a pasar por arriba. Obviamente, que no tenés por qué aceptar todo lo nuevo pero inevitablemente te vas mimetizando, porque además para preservar un principio tenés que ir aggiornándolo. Cuando yo empecé, el abrazo no era tan cerrado, yo lo hice más cerrado y después la gente también fue creando por su cuenta.
GG: No estoy para nada de acuerdo con ese tipo de abrazo. Me molesta mucho y lo sufro cada vez que viajo, porque además me imagino cómo deben sufrir los hombres que son abrazados así. En el último Campeonato Mundial no podía ver el número del concursante en la espalda por el abrazo de ella. Además hay una elegancia en la alineación de los hombros que se pierde.
SM: Me parece que hablamos de especificidades de diferentes estilos. Yo hago un tango milonguero y ella es más ecléctica. Ella tiene razón en su contexto pero para entender mi perspectiva hay que salir de ese contexto.

¿Ser referentes de tantos alumnos puede ser peligroso?
SM:
Como los chicos a medida que van creciendo, los alumnos empiezan a hacer su desarrollo a partir de la copia. Si yo voy a la clase de Graciela primero quiero entender su concepto para tomarlo y tratar de mecanizarlo. La vida después te pone en otro lugar. A medida que bailás, te alejás del paradigma y rompés con el modelo que tenías.
GG: Yo creo que ser referente es positivo para una primera etapa. Es inevitable la copia, pero influye mucho qué postura asumís para realizar la transmisión. Yo siento que puedo enseñarte hasta determinado punto, a partir del cual te digo: “Andá con aquel, con aquel y con aquel”. Además, hoy los tiempos que el alumno se toma para aprender son mínimos. Hay tanta oferta de profesores que se marean yendo de un lado al otro y terminan sin aprender ningún estilo. A su vez, hay maestros que generan una especie de secta, recomendando a sus alumnos que no vayan a otras clases. Y por otro lado, hay maestros que, al no explicar bien lo que hacen, generan clones, alumnos que sólo copian la forma pero que no pueden ser analíticos.

¿Cómo se siguen formando ustedes?
GG:
Yo sigo tomando clases. Lo último que hice fue un seminario de técnica para mujeres que dio Milena Plebs en Cágliari.
SM: Yo sigo aprendiendo de diferentes maneras, aunque no suelo tomar clases. Trabajo con uno o varios milongueros, los filmo y estudio sus lenguajes. La última clase que tomé fue con Carlos Gavito, que me dio vuelta la croqueta y cada tanto doy seminarios con determinados bailarines hombres, que es algo que me nutre mucho. Me parece que el estudio del tango es como el del golf. Es algo complejo, pero tan placentero que uno no lamenta lo difícil que pueda resultar. Y es un camino sin fin.
GG: Estoy de acuerdo. Muchos de los nuevos maestros, en cambio, hicieron la tarjetita y a partir de entonces no toman más clases. En los seminarios de técnica para mujeres que doy en El Beso muchas veces soy la única argentina. Los argentinos no toman clases y no es por los precios. Cuando empecé a bailar, trabajaba en otro rubro y le dejaba mi sueldo casi entero a Antonio Todaro para tomar sus clases. Ese esfuerzo por superarse no lo veo en los argentinos. Hay una mentalidad facilista de decir: “Hace tres años que bailo, aprendí dos o tres pasos, tengo un buen abrazo y un buen perfume… ¡me voy a Europa!”

¿Hacia dónde evoluciona el tango? ¿Hay otras tendencias?
SM: Hay un aspecto positivo: se pierde en profundidad pero se gana en latitud. Hace 20 años éramos cuatro gatos locos, hoy el tango es un fenómeno universal. Si no quiero que un movimiento se muera, tengo que permitir que un pibe que no tiene mucha experiencia también vaya a bailar, aunque baje la calidad promedio del baile.
GG: Por supuesto que la masividad es positiva. Pero hay que recordar los códigos de la pista, que se están perdiendo. Depende de todos nosotros (y particularmente de los docentes) que las pistas vuelvan a estar mínimamente organizadas. Vaticinar el futuro es imposible, pero en la medida en que siga habiendo necesidad de contacto, de encuentro y de abrazo, el tango va a seguir existiendo.

Perfiles
Graciela González fue la primera en ofrecer un seminario de técnica para mujeres, en 1994. En sus inicios, formó pareja profesional con “Pupi” Castello. Al poco tiempo, desarrolló una pedagogía propia y creó una red de docentes que llegó a ser internacional, conocida como Grupo Graciela González y que funcionó hasta el 2000. Fue maestra de muchos de los actuales maestros y de destacados bailarines profesionales. Es una de las principales referentes del tango de salón y da clases en la Argentina y el extranjero.
Susana Miller fue pionera en el estudio y la transmisión sistemática del estilo de abrazo cerrado (o apilado, bautizado por ella como “milonguero”), para lo cual desarrolló una codificación de movimientos que hasta entonces tenían una proyección sólo empírica. Es la creadora de La Academia, escuela de baile que hoy dirige junto a María Plazaola. Muchos de sus ex–alumnos dictan clases hace ya varios años mientras ella sigue formando nuevos cultores de esta modalidad en la Argentina y el exterior.
Copyright © El Tangauta 2007


Two daring women
Graciela González and Susana Miller in exclusive interview with Carlos Bevilacqua for El Tangauta

Graciela González and Susana Miller, pioneers in their specialties, share the pride of having developed solid systems to teach to dance and to improve the level of those who have already been initiated. In an environment not used to successful women, both had the courage to get in front of a class and have been for years traveling around the world carrying their ideas. These are not the only things they have in common, as became apparent during the chat they had with El Tangauta about teaching, the female role, the milonguero style and the current tendencies in social dance.

What are the main challenges that you face as dance teachers?
SM: Standing in front of a class is already a challenge. At times there are people that you already know, other times some people are new and you always have to propose something that can unfold in the available physical space and that will be interesting for the ones that know more and feasible for the ones that know less. On the other hand, you have to handle your own expectations as teacher. Before I used to think that people had to learn as in a transfer of terms. If the other person did not it learn it was because I did not teach well. The truth is that each person has a certain psychological and physical structure, which means that he is going to receive information in a different way that others do. Today I believe that one is an agent of information, someone that has to transfer that information without pushing the student.
GG: I still feel the challenge of people that comes to my class thinking: “You are a woman, let’s see what you can teach me?” Until that anxiety subsides, I find it difficult to determine how to get to them. The last time I went to Russia, for example, at the start I was asking myself with a certain anxiety: “How do I begin, what is the Achilles heel of these people?” It is the extra pressure that I feel for being a woman.
SM: That has to do with the fact that it used to be that those who taught tango were men, who also explained the female role. The woman as a dancer did not have a say. Being a woman and taking charge of a class is something relatively new.
GG: Therefore we were both branded transgressors then, because we began to stand out, each one in her discipline, as women. We had organized with Martha Antón and Veronica Alvarenga a práctica at La Galería. The women that came because they had read the flyers would say: “Oh, but… there are no men teaching? Then I will not come”.
SM: People that are a little sharper discover that as women we have in our bodies a perception that the guys don’t have. When you have danced with many good dancers, you gain a lot of experience in your body on what is good and what is not. Then, it is not that we know in spite of being women, but because we are women!
GG: All of that we have in our corporal memory and we work with it.

What is the most difficult part of the female role?
GG:
Think not (laughter).
SM: I agree. It destroys a cultural guideline of the last decades that established making decisions as part of the female role. The woman arrives to tango with very little innocence. Suddenly, in tango she has to respond instead of acting in the first place.
GG: It is no coincidence that there are so many people dancing tango. It takes you back to an impressive clarity of the roles. Women have essentially a receptive energy. It is only because we have to go to work to pay the bills that we transform ourselves into much more active agents. As the woman accepts her naturally receptive energy, she is going to dance better.

What is the origin of the milonguero style?
SM:
I did not live it, but protagonists of the tango of the 40’s and 50's say that when they went from the neighborhood clubs the to smaller dance floors they developed a more compact dance, pushed also by the anonymity of places with less family groups. But beyond the name that I called it, I did not invent anything. What I did was to try to understand within a system what the milongueros that danced that style did.
GG: Milonguero is one of the many tango salon styles that have to do with the differences between neighborhoods and spaces. I believe that that name arose like a marketing tool, something that was sold. Because all of us, who dance at milongas, are milongueros. As for the style of dance in itself, in some moment it was promoted like the only one that was danced in Buenos Aires, which is not true either. Today it is already a label and, as such, one must accept it.
SM: But this is what people do to try to understand something complex. I don’t believe either that it has been the only way in which tango was danced in Buenos Aires; I have never believed it. It is true that the denomination is inexact because it does not encompass the guy that goes to a milonga and does not dance the style that I teach. But when I began to teach, I had to differentiate what I did in some way. I could have called it “Josesito” but, who was going to understand that?
GG: Before it was called Tango de Confitería. More than a name, it turned into a fashion and a monster. With this I do not want to be pejorative. On the other hand, some fashionable postures limit the mobility of the two members of the couple. Many times the man has to bear an enormous weight because the woman crosses her left arm in diagonal on his back.
SM: I believe that the form of embrace does not influence the difficulty of moving someone. It is true that in tango many things are done because of fads but I opt for not resisting too much because these are phenomena will affect you anyway. Obviously, you don’t have to accept every new thing but inevitably you will imitate, because in order to preserve a principle you have to keep updating it. When I began, the embrace was not so closed, I closed it more and later people were also creating on their own.
GG: I do not agree at all with that kind of embrace. It bothers me a lot and I suffer each time that I travel, because I imagine how the men that are embraced like this must suffer. In the last World Championship I could not see the number of the competitor on his back because of the embrace of the woman. Besides the elegance in the alignment of the shoulders is lost.
SM: It seems to me that we speak of specificities of different styles. I do tango milonguero and she is more eclectic. She is right in her context but to understand my perspective one must leave that context.

Can being an example to so many students be dangerous?
SM:
As children when they grow, students begin their development by copying. If I go to the class of Graciela, first I want to understand her concept to take it and to try to mechanize it. Life later puts you in a different place. To the extent that you dance, you take distance from the paradigm and break with the model that you had.
GG: I believe that being an example is positive during the first phase. It is inevitable to copy, but the attitude you assume while teaching has a lot of influence. I feel that I can teach you to a certain point, from which I tell you: “Go learn with this, and this and this teacher”. Besides, nowadays the time that the student takes to learn is minimal. There are so many teachers that they make themselves dizzy going from one side to the other and they end up not learning any style. At the same time, there are teachers that generate a kind of sect, recommending that their students do not go to other classes. And on the other hand, there are teachers that, because they don’t explain well what they do, generate clones, students that only copy the form but cannot be analytic.

How do you continue learning?
GG: I continue taking classes. The last one was a seminar of technique for women that Milena Plebs gave in Cágliari.
SM: I continue learning in different ways, although I do not usually take classes. I work with one or various milongueros; I film them and study their language. The last class I took was with Carlos Gavito, that turned me inside out and every once in a while I give seminars with certain male dancers, which nurtures me a lot. I think that the study of tango is like that of golf. It is somewhat complex, but so pleasant that one does not regret the difficulty. And it is a road without end.
GG: I agree. Many of the new teachers, on the other hand, print their business card and from then on they do not take any more classes. In the seminars of technique for women that I give at El Beso many times I am the only Argentine. The Argentine does not take classes and is not because of the prices. When I began to dance, I worked in another area and left almost my entire salary to Antonio Todaro to take his classes. I don’t see in the Argentine that effort to improve. There is a minimum effort mentality that says: “I have been dancing for three years, I learned two or three steps, I have a good embrace and a good perfume… I am off to Europe!”.

In what direction is tango evolving? Are there other tendencies?
SM:
There is a positive aspect: we lose in depth but win in latitude. 20 years ago we were just a few, today tango is a universal phenomenon. If I do not want a movement to die, I have to allow that a kid that does not have a lot of experience also goes out to dance, although it lowers the average quality of the dance.
GG: Of course massiveness is positive. But one must remember the codes of the dance floor, which are being lost. It depends on all of us (and particularly teachers) that the dance floors become again at least minimally organized. Predicting the future is impossible, but as long as the need of contact, of encounter and of embrace continues, tango will go on existing.

Profiles
Graciela González was the first to offer a seminar of technique for women, in 1994. At the beginning of her career, she partnered with "Pupi" Castello. Shortly afterwards, she developed her own teaching method and created a network of teachers that became internationally known as the Graciela González Group and that lasted until 2000. She has taught many of the current teachers and well known professional dancers. She is one of the main proponents of tango salón and teaches in Argentina and abroad.

Susana Miller was pioneer in the study and systematic transmission of the close embrace style (or apilado, christened by her as "milonguero"), for which she developed a codification of movements that up till then had only an empirical projection. She is the creator of La Academia, a dance school that today she directs next to María Plazaola. Many of her former students have been teaching for many years while she continues forming new lovers of this style in Argentina and abroad.
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