Escribe / by Milena Plebs


El baile del tango como expresión artística vive un crecimiento inusual. Hay gran avidez por ver exhibiciones de buenas parejas de baile en sus distintas variantes.


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Pensar el baile… ¡vivir el baile!
Durante tales performances, sucede que a veces mis pensamientos se detienen en los detalles: los pasos, el vestuario, el peinado, la música, percibo si los bailarines van con la música o no, si están conectados entre si, veo sus expresiones, observo las secuencias. Mi mente trabaja con su baile y se vuelve una parte importante en el acto de mirar. De alguna manera, el baile se vuelve intelectual.
Otras veces, la pareja bailando me sumerge en un mundo de puro vibrar y sentir, de plenitud y goce. Todo mi ser baila con ellos. Es un disfrute que me conecta con la emoción y según el caso, con la alegría. Me pregunto, por qué sucede esta diferencia. Quizás sea difícil de analizar. En mi opinión, la ejecución del baile es algo en lo que la pareja de tango debería ahondar, para mantener fresco y vivo el baile para el público. En los grandes bailarines hay una intensidad en el movimiento que viene desde un lugar visceral por un lado, y espiritual por el otro, cuando esa corriente energética de ciertos artistas lleva al espectador a ser uno con ellos. Esto es así en cualquier danza, diría en cualquier arte donde los artistas actúan en vivo. En la danza tiene particular incidencia, en la mayoría de los casos, la música. Fusionar esa parte instintiva y emocional con los estímulos sonoros es vital para la llegada al público. Pero, quiero a aclarar algo: no significa “poner los pasos en música”. Es mucho más profundo. Sería algo así como sentir que los cuerpos están ejecutando la música. Que la música sale de esos cuerpos bailando. Para eso, una vez puesta la coreografía, y revisado los aspectos técnicos característicos del tango, habría que dejar que prime el sentido del oído, tacto (conexión con el compañero) y vivir las intensidades dinámicas de las secuencias desde un todo global que abarca lo físico, lo emocional, lo espiritual y en su necesaria medida, lo mental. Otra variante es la pareja bailando como un instrumento más en la composición musical, que puede hacer una contra-melodía, apoyar o contraponerse al ritmo, aprovechar acentos, melodías, etcétera. Pero siempre desde la actitud interior de dejarse invadir por la música con todo el ser. De no haber una música definida, se puede construir un ritmo interno de la pareja y trabajar desde ese estado que involucra la unidad de la pareja como una totalidad vibrante. Y un detalle, aunque se baile una coreografía, no olvidar el motor de primitivo del baile de acción masculina y reacción femenina. En exhibiciones “improvisadas” también se puede ver cristalización del baile cuando la pareja inserta secuencias armadas que funcionan como la coreografía.
El camino es infinito y seguramente hay muchas formas de buscar la espontaneidad. Es cuestión de adentrarse en un estado creativo y animarse a avanzar.
Copyright © El Tangauta 2007


Thinking the dance… living the dance!

The dance of tango as an artistic expression is going through unusual growth. There is great desire to see exhibitions by good and different kinds of dancers.

During such performances, it happens that at times my thoughts go to the details: the steps, the wardrobe, the hairdo, the music, I perceive if the dancers are with the music or not, if they are connected to each other, I see their expressions, I observe the sequences. My mind works with their dance and becomes an important part in the act of looking at it. In some way, the dance becomes intellectual.
Other times, the couple dancing submerges me in a world of pure vibrating and feeling, of plenitude and enjoyment. All my being dances with them. It is an enjoyment that connects me with emotion and, depending on the case, with happiness. I ask myself what is the reason for this difference. Perhaps it is difficult to analyze it. In my opinion, the execution of the dance is something the tango couple should deepen, to keep the dance fresh and alive for the public. There is an intensity in the movement of great dancers that comes from a visceral place on the one hand, and a spiritual one on the other, and the energy of certain artists makes the spectator become one with them. This is so in any dance, I would say in any art form where the artists perform live. In dancing in most cases, the music has a particular importance. Fusing that emotional and instinctive part with the sound stimuli is vital for reaching the public. But I want to clarify something: I don’t mean, “to step with the music”. It goes much deeper. It would be something like feeling that the bodies are playing the music, that the music leaves the bodies through dancing. For that, once the choreography is in place, and all technical aspects characteristic of tango have been revised, one should let the hearing and touch (connection with the partner) senses predominate, and live the dynamic intensities of the sequences from a global perspective that encompasses the physical, the emotional, the spiritual and, as needed, the mental aspects. Another variation would be the couple dancing as another instrument in the musical composition; they can do a counter-melody, support or counter the rhythm, take advantage of accents, melodies, etc. But always with the inner attitude of letting the music take over the whole being. In the case where there isn’t definite music, the internal rhythm of the couple can be built up, and working in that state involves the union of the couple as a vibrant whole. One more detail, even when dancing a choreography, the primitive motor of male action and female reaction must not be forgotten. In “improvised” exhibitions the crystallization of the dance can also be seen when the couple inserts learned sequences that function like choreography.
The road is infinite and surely there are many ways to seek spontaneity. It is a matter of entering into a creative state and daring to go further.
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