Escribe / by Milena Plebs


En el baile del tango se habla de que el hombre marca los movimientos y la mujer sigue esa marca. Prefiero pensar que buscamos la manera de hacerlo juntos.


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La comunicación en la improvisación del baile es a través del enlace del abrazo, en cualquiera de sus formas. Cuando se habla de “marca” no puedo dejar de ver la mano del hombre en la espalda de la mujer moviéndose con frenesí para indicarle hacer ochos. La sugerencia a la mujer de un paso o secuencia es mucho más que una mano en su espalda. Hay una intención global del torso, brazos y abrazo del hombre para imprimir un impulso que corresponda a la respuesta femenina.
En el caso de la mujer, para mí, seguir significa estar detrás, en el sentido literal de la expresión. Pero se insiste que debemos pisar juntos. Entonces, ¿cómo se entiende esto? Parece una contradicción. Para que cada integrante de la pareja pueda disfrutar del baile es recomendable cierta preparación.
El hombre tiene el rol creativo primordial y desarrolla, entre otras cosas, la capacidad de proponer a la mujer, en el “timing” adecuadamente anticipado, la guía de cada movimiento del baile a través del abrazo, para que realicen juntos y coordinados el movimiento global.
La mujer se entrena en la capacidad del control del cuerpo, del eje, de la torsión y disociación corporal de la parte superior e inferior que provoca el pívot (cambio de dirección en un pie) y movimientos derivados, transferencia del peso de un pie a otro, capacidad de respuesta inmediata al impulso propuesto, y un máximo estado de atención alerta, latente, potencial, para percibir el nuevo impulso. Como concepto intelectual no es lo mismo seguir que hacerlo juntos. Siento que es mejor que ambos involucrados lo piensen como este último caso.
Si bien pareciera que dos que bailan tango son un único bloque que se mueve, la pareja es la suma de la independencia de ambos, armoniosamente coordinada.
A su vez, el varón, luego de proponer el movimiento, acompaña la reacción de la mujer, y si es necesario realiza algún ajuste. De lo que se deduce que hay un constante ida y vuelta en la energía de ambos que es lo que alimenta el baile, y pide máxima atención y concentración de la pareja.
El baile evoluciona, como la forma de transmitirlo. Hay nuevas corrientes de baile que proponen dinámicas bien complejas de interacción de la pareja, donde intervienen juegos de fuerzas opuestas, contrapesos, movimientos pendulares y espiralados, donde es necesario un nuevo análisis. Pero siempre se llega al mismo concepto de unidad, de dos que forman uno. Y de un aprovechable intercambio constante de estímulos. A modo de magnetismo de los cuerpos que se atraen grata e inevitablemente.

We do it together
In tango it is said that the man leads the movements and the woman follows that lead. I prefer to think that we seek the way to do it together.

Communication in the improvisation of the dance happens through the link of the embrace, in any of its forms. When we speak of lead I cannot stop seeing the hand of the man moving frantically in the back of the woman to indicate her to do ochos. The suggestion to the woman of a step or sequence is a lot more than a hand on her back. There is a global intention of the torso, arms and embrace of the man to give an impulse that corresponds to the female answer.
In the case of the woman, for me, to follow means to be behind, in the literal sense of the expression. But they insist that we must step together. Then, how is this to be understood? It seems like a contradiction. So that each member of the couple can enjoy the dance, some preparation is advisable.
The man has the fundamental creative role and he develops, among others things, the capacity to present to the woman through the embrace, with adequately anticipated timing, guidance of each movement of the dance, so that they can carry out the global movement together and in a coordinated fashion.
The woman trains her capacity to control her body, her axis, torsion and the upper and lower body dissociation that causes the pivot (change of direction on one foot) and derived movements, transfer of the weight from one foot to the other, the capacity for immediate response to the proposed impulse, and a state of maximum alert attention, latent, potential, in order to perceive the new impulse. As an intellectual concept, it is not the same thing to follow than to do it together. I feel that it is better that both involved think of it in this latter way.
Although it seems that two who dance tango are one block that moves, the couple is the sum of the independence of each of them, harmoniously coordinated. At the same time, the male, after proposing the movement, accompanies the reaction of the woman, and if necessary makes some adjustment. From this we can deduct that there is a constant coming and going of the energy of both which is what feeds the dance, and asks for maximum attention and concentration of the couple.
The dance evolves, as does the form to transmit it. There are new currents of dance that propose really complex dynamics of interaction of the couple, with the intervention of the play of opposite forces, counterweights, pendular and spiraled movements, where a new analysis is necessary. But one always arrives to the same concept of unit, of two that form one; and of a valuable constant exchange of stimuli through the magnetism of the bodies that are attracted to each other, pleasantly and inevitably.
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