Entrevista exclusiva con lisandro Gambarotta
“La Viruta” es una milonga que se ha ganado su lugar en el ámbito. Se aprende con profesionales comprometidos con sus alumnos y se conoce a amigos, compañeros de baile y, si se quiere, algo más…



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La noche abruma con su inmensidad. Hombres y mujeres se buscan sin conocerse. Los noctámbulos peregrinos saben que hay un sitio que no los discrimina por su ropa, ni los aturde con su música, ni les pide que sean cool. En un salón de un centro cultural en Palermo Viejo hay mesas contra las paredes, luces tenues y una pista que espera. Todos estamos invitados. La milonga está por comenzar.

Hace algunos años Cecilia Troncoso viajaba por Nueva York mejorando su estilo en la danza moderna. Su acento porteño hacía inconfundible su lugar de origen y la pregunta se repetía “Ah, sos argentina, ¿bailas tango?” “Ah, sos argentina, ¿bailas tango?” “Ah, sos argentina, ¿bailas tango?”, pero su respuesta siempre era no. A la vuelta no dudó en comenzar el aprendizaje. A la tercera clase estaba fascinada.

- No iba a discoteques porque no me gustaban y cuando descubrí una milonga empecé a ir todos los días, quisiera haberla descubierto a los 16 años, era acorde conmigo y con tanta otra gente que también se sentía fuera del chungui chungui – se ríe Cecilia

Por su formación anterior avanzó rápidamente y se formó de un grupo de compañeros. Fuera de los ensayos, con apenas algunas milongas funcionando, no tenían un lugar para practicar y menos aún para crear nuevos estilos. Casi con naturalidad comenzaron a juntarse en un club en la calle Oro donde practicaban, experimentaban y enseñaban a un pequeño grupo de alumnos que se les habían acercado.

- No se cuál fue la magia que sucedió pero la cuestión es que empezó a crecer un montón, creo que influenció favorablemente que fuéramos una mezcla de gente de la danza moderna y la actuación, y esto a la gente del tango le entusiasmó. Pasaban por el escenario cantantes de jazz, actores monologando y experimentaciones diversas. No éramos una milonga y por lo tanto no respetábamos reglas básicas: no había cortinas ni mesas, solo unas sillas. Tengo una foto de un chico que fue con short y yeso en una pierna para tomar una clase de principiante. Con Luis Solanas, el otro organizador, no nos preocupaban las reglas, solo que la gente quisiera aprender a bailar, que se divirtiera y por sobretodo la pasábamos muy bien nosotros. Bailábamos sin parar, era como un delirio y entre nosotros le pusimos “La Virutita” -

Resultó una exitosa experiencia a la que se sumaba gente diariamente. En el año 1994 realizaron la obra Agarrate Catalina donde juntaron tango, actuación, experimentaciones y juventud. A números de tango se sumaron humor, actuación, todo en baile, con la participación de la cantante Mariana Torres. Pronto el espacio para milonguear quedó chico, pasaron por otros clubs y con la participación esencial de Horacio Godoy encontraron el lugar ideal: el Centro Cultural Armenio, en Palermo Viejo. La escuela sigue siendo el espacio que distingue a La Viruta.

- Tenemos seis niveles de aprendizaje, doce profesores por noche y 250 alumnos por día, somos la escuela de tango más grande del mundo. Todos los días hay más de una clase: salsa y tango o rock, tango y salsa, por ejemplo. Miércoles y domingos son días más descontracturados, viene mucho bailarín profesional a divertirse, se pasa más tango electrónico, por ejemplo. Los viernes y sábados son más tradicionales. Y después siempre la práctica, o sea que por un módico precio se puede disfrutar de tres clases y quedarse luego a bailar, mucha gente llega a las ocho de la noche y se va a las cuatro de la mañana Este nivel de convocatoria no lo logramos casualmente, bailar tango no es como ir a la disco donde te moves un poquito y ya estás bailando, requiere un método, tiempo, paciencia, códigos - cuenta Cecilia

Comprometerse en crear una milonga va mucho más allá de un lugar económico. Hay una identidad que hace a cada uno de nosotros en la cual sin elección previa recibimos un tesoro musical que merece un tratamiento acorde. Y cuando hablamos de historia, no es caprichoso. En los ’40 - la época dorada del tango - se tocaba con orquesta en vivo: una parte la típica que tocaba jazz y después orquestas de tango, incluso había una ley que protegía este funcionamiento. Los bailes se dividían por selecciones musicales llamadas "tandas", cada una con cinco temas, siempre tocados por la misma orquesta. Las tandas estaban divididas por un fragmento musical no bailable denominado "cortina". Todavía se mantiene el mismo sistema, con aproximadamente un 70% de tango, vals o milonga y el otro 30 son ritmos como tropical, salsa, merengue, jazz, rock and roll o swing. Hoy una orquesta es algo complicado por los permisos y el precio.

Antonio es un habitue de “La Viruta”, “un amigo de la casa”, dicen. Desde hace dos años no falta los sábados, que es su día especial. La rutina diaria, casi alienante en un torbellino como es Buenos Aires, no le permite relacionarse con gente como él

- La milonga no debe perder su esencia: ser popular y con precios accesibles. Es un lugar de encuentro con el sexo opuesto de forma mucho más natural que una disco, donde hoy bailan las chicas con las chicas y los chicos con los chicos, así imposible encarar. Acá hay diálogo, no tenes que combinar con nadie ¿estás solo un viernes a la noche? te vestís y venís - sonríe

La pista de La Viruta tiene fama propia, y ya es un clásico para los iniciados

- La gente se queja un poco de que en La Viruta se baila mal, sobretodo las primeras horas. Pero creo que aquí es el único lugar donde se le da espacio a la gente que recién empieza, eso tiene en contra que tiende a desordenar la pista. Si hay que esperar año y medio o dos de estudios para entrar, como nos pasaba a nosotros, deja de interesar. Pero igual solo sucede las primeras horas, le explicamos a los principiantes que deben hacerlo en el centro, para así dejar espacio a los que mejor bailan que lo hacen por afuera de un imaginario círculo. A nosotros los primeros años nos sacaban a codazos, éramos pendejos, bailábamos un poco fuerte y la ligabas. Eso hoy acá no pasa. Hay mucha gente que viene solo para saber de que trata este “submundo” del que tanto se habla hoy - afirma Cecilia

-¿Hay una revalorización del tango?

Argentina igual Maradona, carne, mate y tango. Además creo que en los jóvenes hay una revalorización de nuestra música ciudadana desde hace diez años. En la década del ’60 no existía, era todo rock and roll y música extranjera, ahora gusta hablar del tango, escucharlo, es copado, les pertenece. ¿Por qué? Como siempre nosotros mirando el extranjero, se hizo moda cuando Tango Argentino - el primer show de tango for export - triunfó en Europa. Se empezó a recordar que existía, estuvo la compañía Tango por 2 - supervalioso lo que hicieron Milena y Miguel - y luego se multiplicaron las compañías a las que les empezó a ir bien afuera. Se filmó en nuestro país el film “Evita” protagonizado por Madonna con la dirección de Alan Parker y ahí creo que bailamos todos. No sabíamos si era una moda o algo que se quedaba - sostiene Cecilia

Hace doce años funciona La Viruta, nueve en su sede del Centro Cultural Armenio, con un grupo consolidado en su conducción. En un mundo donde la soledad es a diario, se puede encontrar aquí más de lo imaginado, como le sucedió a esa parejita que ronda los 60, cada uno venía sin ninguna intención, él viudo ella separada. Hace tres años que viven juntos y aseguran estar súper enamorados. Encontramos el amor a través del tango, dicen.

El detrás
Luego de la tragedia en el boliche “República de Cromagnon” es difícil mantener el orden en los espacios bailables, y en particular en las milongas debido a que no hay una legislación propia. El diputado de la ciudad Elvio Vitali se ha comprometido con la Sociedad de Organizadores de Milongas para favorecer una ley acorde. Por lo tanto establecer una milonga con la masividad de La Viruta requiere del compromiso de mucha gente que el público solo ve en las sombras. La coordinación general está a cargo de Cecilia Troncoso, Horacio Godoy y Luis Solanas, detrás de ellos está el staff de profesores, mozos, barmans, encargados de mantenimiento, secretarias, cajeras, la gente de la cocina. Todos tienen el concepto del equipo de fútbol: donde se necesita alguien cualquiera puede estar. “He estado de moza, limpiando pisos o atendiendo la caja” cuenta Cecilia.

Tanta gente dedicada a lo largo del tiempo a un mismo fin devino en un particular suceso: hijos. “Los llamamos los hijos de La Viruta: mi hijo, el de Horacio, de otros profesores, gente que se conoció acá… dicen que La Viruta casó más gente que los curas - se ríe Cecilia
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