por Carlos Bevilacqua
REVELADORA OBRA DE TEATRO-DANZA
Teatro de La Comedia - LUNES de SEPTIEMBRE 20:00 - Rodriguez Peña 1062 - 4815-5665

Una pareja sobrevive lo mejor posible a la cambiante realidad argentina al tiempo que busca en el pasado las razones de tanto desatino. Dirigidos por Silvia Vladimivsky, los intérpretes aprovechan recursos del teatro, la música y el baile para mostrar las múltiples caras de nuestra identidad.



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Si bien toda identidad es una abstracción de ardua definición, la argentina suma algunos desafíos. El choque desigual de culturas que implicó la conquista española, la masiva inmigración europea de principios del siglo XX y la permanente absorción de tendencias culturales foráneas dieron como resultado un mosaico de variados brillos. Como si esto fuera poco, la historia nacional se escribió casi siempre con sangre, opción por la violencia que alcanzó una insólita crueldad durante la última dictadura militar. ¿Quiénes somos?, solemos preguntarnos ante noticias que nos deprimen o nos animan, alternativamente. Nuestros trastornos de identidad son reflejados con un novedoso lenguaje en El nombre 2 (otros tangos), la obra de teatro-danza creada y dirigida por Silvia Vladimivksy y Salo Pasik que volvió a la cartelera porteña con una nueva versión. Aplausos y críticas favorables acompañaron las anteriores presentaciones del espectáculo, tanto en la Argentina como en el exterior. Los dos únicos roles son interpretados por los actores-bailarines Carlo Argento y Marisa Villar.
La historia de la obra narra los encuentros y desencuentros de una pareja en el turbulento entorno que implica la realidad argentina. Un hombre y una mujer en búsqueda de explicaciones para el caótico presente. En el camino se topan con las dificultades propias de tal empresa. Cuenta Argento: “Todo empieza cuando ella intenta suicidarse en medio de un clima sofocante. El varón la observa y empieza a evocar episodios personales y sociales en busca de una identidad borrosa” .
Consultada sobre la temática de El nombre 2 (otros tangos), Vladimivsky explica que la obra intenta reflejar los conflictos, los miedos y las alegrías de los habitantes de Buenos Aires luego de tantos y tan variados avatares históricos. “Los argentinos vivimos en el abismo –asegura– pero hemos desarrollado una gran capacidad de improvisación, la misma que requiere el tango” . Respecto de la trama en sí, narra: “La historia arranca aludiendo a los inmigrantes que forjaron un país a través del trabajo y de la constitución de familias. Más tarde aparecen en escena la violencia urbana, la doméstica, la política y, al mismo tiempo, una necesidad de conectarse con uno mismo y con el prójimo. La represión ilegal de los ’70 está presente con todo el dolor que ese período significa pero también a través de cierto duelo que permite renacer, según explica Vladimivsky.

La pequeña celda
Los protagonistas interactúan con escasos elementos escenográficos. Uno de ellos, empero, es recurrente: una pequeña celda con rueditas. Especie de objeto comodín, puede representar una casa, una cárcel o las dos cosas al mismo tiempo. “Mi personaje presenta ahí a su novia –cuenta Argento– pero también es un lugar de encuentro amoroso y el lugar donde más tarde aparecerán colgados cuerpos inertes” . Otras funciones, aunque menos evidentes, resultan fundamentales a los efectos de la trama: “La celda es a su vez un espacio de encierro y de seguridad. Sirve para representar el impulso por escapar de la rutina”, explica Argento. Por momentos, los actores-bailarines entran y salen en una serie de movimientos que terminan anulándose. El techo de la celda sirve en un pasaje de mirador para el personaje masculino.
En una de las escenas, especialmente sugerente, el personaje femenino vacía sobre el escenario una bolsa llena de zapatos. Luego ella baila entre las ausencias que esos zapatos representan, hasta que él interviene para arrojarlos al proscenio. “Mientras lo hago –acota Carlo– miro fijo al público como diciendo: “Hagámonos cargo, esto pasó acá” . Las alusiones a los desaparecidos regresan sobre el final con un juego teatral en el que el personaje de Argento intenta sin éxito el nudo de una corbata. Lo único que finalmente logra es vendarse los ojos. “A veces uno no quiere ver y se pone sus propias vendas” , reflexiona Argento respecto de esa escena.

Como la cigarra
Uno de los grandes temas de El nombre 2 (otros tangos) es esa llamativa capacidad nacional para reconstruirnos luego de fuertes crisis. En este caso, la analogía con el tango adquiere varios sentidos. Por un lado, la del tango es una música que fue despreciada y aplaudida cíclicamente a lo largo de más de 100 años. Por otro, el abrazo elegante y permanente de su baile se pierde y se rearma a lo largo de la obra, en una actitud entre tenaz y tozuda. Cita Argento: “Hay una escena en la que ambos personajes empiezan a temblar sin poder controlarlo ni entenderlo. Es un fenómeno que puede leerse como una de las tantas crisis internas o externas que periódicamente nos sorprenden, derrumbando nuestros proyectos. Sin embargo, al poco tiempo prima un impulso reconstructor, una actitud de ‘Bueno, no importa, vamos para adelante’” .
El lenguaje coreográfico del espectáculo no sigue las estructuras de ninguna danza en particular. “El actor-bailarín expresa determinadas sensaciones y emociones a través de movimientos nacidos de la improvisación. Sí hay recursos propios del tango porque es un baile que nos identifica como argentinos y por esa postura erguida que lo caracteriza” , describe Argento. Vladimivsky siente que esta modalidad de trabajo hace felices a los intérpretes porque los conecta con su propio ser y les permite manifestarlo. “El director debe ayudar a que esa expresión se produzca” , aclara respecto de la técnica que define como "creatividad guiada” .
La dúctil música de Ástor Piazzolla suena oportuna acompañando o subrayando cada circunstancia. Ese marco sonoro apenas se ve interrumpido por algún esporádico efecto como el de las hinchadas de fútbol en una alusión al Mundial ‘78.

¿Cómo te llamás?
El nombre de una persona es el rasgo más evidente de la identidad. Es la palabra con que nos llaman, nos invocan o nos citan, aquella con la que nos diferenciamos de los demás. “Quien se hizo un nombre” ganó cierta reputación; quien actúa en nombre de alguien acredita un determinado mandato. En cambio, cuando una falta “no tiene nombre”, resulta imperdonable.
Luego de su debut en el Festival Internacional Ástor Piazzolla, celebrado en el 2002 en el Centro Cultural Borges, la primera versión de El nombre (otros tangos) participó de un ciclo de danza contemporánea ofrecido al año siguiente en el Centro Cultural General San Martín y se presentó durante varios meses en el Teatro El Ombligo de la Luna, también durante 2003. En ese período la obra integró también la programación de festivales internacionales en Roma, Tagliacozzo, Siena y Nápoles, durante dos giras por Italia. Todas las experiencias cosecharon críticas favorables de los especialistas, así como una entusiasta respuesta del público.
Por otro lado, fragmentos de El nombre 2 (otros tangos) formarán parte del documental ¿Cómo te llamás?, co-producción ítalo-holandesa a cargo de Alessandro Borrelli sobre la relación entre arte y dictadura. La película, cuyo rodaje se iniciará en diciembre, mostrará el trabajo que diariamente desarrollan Silvia Vladimivsky, Salo Pasik y Gustavo Beytelmann, destacado pianista argentino radicado en Holanda. Desde su concepción, una de las escenas genera interés por anticipado al prometer a Beytellman improvisando con el piano y a los bailarines de Vladimivsky improvisando junto a él coreografías alusivas. Acción sin red, en otra metáfora de la identidad nacional.
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