Entrevista | Interview

Mariano ‘Chicho’ Frumboli


Mano a mano con | One-to-one with Milena Plebs


Mariano ‘Chicho’ Frumboli es un referente de la nueva movida del baile del tango, que ha revolucionado el género partiendo de las bases del tango tradicional.

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Mariano ‘Chicho’ Frumboli is an icon of the new movement in the dance of tango, that. starting from the base of traditional tango, has revolutionized the genre.

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Entrevista | Interview: Milena Plebs
Traducción | Translation: Dolores Longo
Fotos | Photos: Gabriel Cano
Exclusivo para | Exclusively for: El Tangauta



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Mano a mano con Milena Plebs: Mariano ‘Chicho’ Frumboli.

One-to-one with Milena Plebs: Mariano ‘Chicho’ Frumboli.












R E A D    E N G L I S H    T R A N S L A T I O N    H E R E


Mariano ‘Chicho’ Frumboli
Esencia y enseñanza



M: Me gustaría hablar con vos sobre el aporte que bailarines y maestros podemos dar desde nuestra experiencia a quienes están aprendiendo.
CH: Cada día que vamos a una milonga, a realizar una exhibición o un espectáculo estamos haciendo historia con el tango, y eso es un aporte. Se ha incorporado muchísima gente joven, vivimos el comienzo de una era potente. El género está instalado y no hay manera que se vuelva a esconder o marginar. Está en constante evolución.

M: Pero a veces quienes están empezando se pierden en la multiplicidad de opciones.
CH: ¡Están totalmente perdidos! Yo me formé con los últimos grandes milongueros, tomé directamente de ellos la información. Quienes empiezan a bailar no tienen esa experiencia, sino que aprenden de una generación intermedia de la que formo parte, somos un nexo entre esos viejos bailarines y los más jóvenes. El problema es que algo se nos pasó en la enseñanza, me hago cargo absolutamente, y también tendrían que tomar esa responsabilidad otros colegas. No pude transmitir lo que aprendí. Estaba enloquecido por la creación, porque vi una nueva veta de evolución en el movimiento. Me volqué absolutamente a eso, y perdí el hilo para poder trasmitir lo tanguero que tengo muy adentro. Por eso siento que actualmente hay mucha gente que no entiende o no sabe cuál es realmente la esencia de esta danza.

M: Hace quince años que estás bailando. ¿Qué cambios has observado en el devenir del baile?
CH: Antes se trabajaba con precisión y una estética particular, de una manera funcional y mecánica, que daba una forma, un estilo. Hacer un movimiento o un paso implicaba una expresión de todo el cuerpo. En la actualidad no sólo se perdió la esencia sino también el peso que tiene esta danza, su densidad e importancia. Para mí este nuevo tango le perdió un poco el respeto a lo que era el tango en sí.

M: Se perdió el conocimiento que nos han traspasado los milongueros en forma intuitiva, un sabor indescriptible en su manera de moverse.
CH: Sí, yo tardé cinco meses en entrar a la pista de la milonga de Almagro, no me animaba, iba todos los domingos sólo a mirar. Se respiraba un aire de respeto que ahora no se encuentra. Quizás aún lo siento en algunas milongas como “Glorias Argentinas”, “La Baldosa” o en lugares que son lejanos al circuito de tango más joven. Esa esencia también la tomé de vos y de bailarines de tu generación. Siento que la gente de hoy está sin ganas, no quieren trabajar ni investigar. No quieren ir al fondo de la situación, se quedan en lo superficial. Esto también tiene que ver con los nuevos movimientos y dinámicas que se utilizan, si no se logran con una cierta potencia resultan fríos.

M: El discurso interno en el movimiento es tan importante como la forma externa.
CH: Hace diez años, cuando iba a las milongas, podía quedarme mirando a una pareja bailar toda una vuelta en la pista porque había algo que me atraía, me hacía mantener la mirada en ellos. Hoy no observo más de veinte segundos porque son todas iguales. Ves una pareja circular y la que viene atrás está haciendo lo mismo, y la de más atrás también. No hay ninguna que me atraiga, que me emocione. Salvo si voy a los pocos lugares tradicionales que quedan.

M: ¿Crees que la gente que baila automáticamente o repitiendo fórmulas podría hacerlo de una manera más interna?
CH: ¡Eso demanda un montón de cosas! Vos sabés, porque sos docente también, que en la actualidad está disponible una pedagogía del baile del tango mucho más decodificada que hace diez años, y por lo tanto es más fácil aprender. Hoy se hace una volcada y una colgada y es todo lo mismo porque están, comercialmente hablando, dentro del mismo paquete. Entonces, entre hacer un sandwichito o hacer una volcada… ¡la gente hace una volcada! Porque es más vistosa. Y en el tango hay mucho egocentrismo e individualismo. No van a hacer un sandwichito para disfrutar ese momento, sino aquello que los muestre más y mejor. En el ámbito musical Ástor Piazzolla rompió con todo pero vos lo escuchás y es tango. Y hoy en la danza muchos se piensan que son Piazzolla y no lo son. Veo hombres y mujeres que sólo se preocupan por cómo los ven de afuera. Es una situación bastante complicada que tiene que ver con una personalidad y una identificación muy porteña.

M: ¡Pero los milongueros de otras épocas también eran porteños!
CH: Sí, pero aquellos milongueros tenían respeto, delicadeza y sensibilidad, era totalmente diferente. Sé que mi rol es contradictorio, porque yo también colaboré en generar esta movida joven. En su momento me cansé de los estrictos códigos milongueros que no correspondían con mi tiempo y por rebeldía traté de hacer mi camino. Hoy me volví más milonguero (risas), estoy en contra de la gente que no cabecea, que no tiene códigos ni respeto. El baile del tango tiene un valor que se disipó. Por eso sostengo que muchos están perdidos, se agarran elementalmente para bailar y se mueven dos horas como entes. Es muy triste.

M: A veces noto una puja entre las nuevas corrientes que permiten movimientos más amplios, donde los bailarines usan más espacio, y los que defienden el tango tradicional con abrazo cerrado
CH: Hay algo llamativo en eso. Están los tradicionalistas que defienden las raíces a muerte y por otro lado los modernos o alternativos, es decir, el tango nuevo. Pero si te ponés a pensar no hay nada en el medio. Los tradicionalistas se quejan de los modernos sosteniendo que no bailan tango sino que hacen gimnasia, y los modernos se quejan de que los otros se quedaron en el tiempo. Pero no hay una fusión, son un grupo en contra del otro, y me da tristeza porque en realidad todos estamos en lo mismo.

M: ¿Tenés algún deseo en relación al tango? ¿Alguna asignatura pendiente?
CH: Voy a hacer un poco de historia. Fui rockero, tenía el pelo largo y tocaba la batería. Odiaba el tango, no me gustaba para nada, no lo podía escuchar. Pero, cuando fui a tomar una clase con Ricardo Barrios y Victoria Vieyra, abracé por primera vez a una compañera y me vino un escalofrío. Me dije “Acá pasa algo…” No pude parar más. Ese momento mágico fue mi comienzo. Por otro lado, hace unos años fui a la milonga de “La Trastienda” que organizaba Horacio Godoy. Entré y te vi. Tenía ganas de bailar con vos pero dudé. Di un montón de vueltas hasta que te invité. Me acuerdo que estábamos hablando, luego nos acercamos y en el momento en que me abrazaste sentí que se me vinieron cuarenta años de tango encima. En un abrazo ¿entendés? ¡No habíamos hecho un sólo paso! Simplemente fue la manera en que me tomaste. Para mí ese fue el momento más fuerte de la tanda. Luego bailamos un montón. Estuvo buenísimo, hicimos cualquier cosa, me divertí mucho. Pero el momento de ese abrazo, como el de mi primera clase y algunos otros, me marcaron en cuanto a mi relación con el baile. Hablo de la intimidad del abrazo. Con muy poca gente pude volverla a vivir, se perdió muchísimo. Mi deseo para el baile del tango, entonces, es que se vuelva a esa intensidad compartida, muy en el alma. No quedarse en lo superficial, sino ir hacia dentro. Que el género evolucione a partir de esa intimidad. La esencia del tango son el abrazo y el otro.

M: ¿Qué más puedo decir? ¡Gracias!


Improvisación y música



M: Sos un gran improvisador y me fascina verte crear. ¿Se pueden transmitir pautas para mejorar la creatividad en la exhibición improvisada?
CH: Quizás sea un ‘kamikaze’. Lo que me provoca sensación o emoción, me hace mover. Cada tango es un momento diferente y fuerte. He diseñado coreografías, no muchas, porque después de repetirlas algunas veces no encuentro riesgo y, cuando no lo tengo, todo parece demasiado fácil. Lo que me moviliza es estar en el borde, a punto de caer, y zafar. Y la improvisación tiene eso. Cada vez que voy a bailar, elijo la música y la cantidad de temas en el momento. Trato de conectarme con Juana Sepúlveda, mi compañera, y de crear un momento artístico, de transmisión o expresión, ahí mismo, en ese momento. No lo preparo ni lo pienso. A veces me sale y otras no.

M: ¿No hay un prediseño o plan establecido?
CH: No, nunca lo hice. Por ahí hago algún paso que experimenté en la milonga, que es mi lugar de práctica. Si no me sale sigo, no insisto, porque puedo perder la conexión que tengo conmigo, con mi compañera y con la gente. He bailado con orquestas de gran prestigio, en teatros de todo el mundo, sin armar coreografía. Dependiendo del caso quizás preparo la entrada y la salida, pero el baile en sí, no.

M: A veces, cuando te veo bailar pareciera que la estructura de tu danza estuviera pensada por su armonía y musicalidad.
CH: Tiene que ver con que fui músico muchos años, por eso entiendo su estructura, ya sea Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Piazzolla o tango electrónico. Lo único que preveo es la elección de tangos que conozco bien, para poder jugar con momentos precisos. Intento dar siempre lo que siento debería ir.

M: ¿¡Pero todo eso sucede en el momento!? A veces hacés una secuencia que tiene cierta duración, que está hecha de una manera tan justa con un determinado fraseo, donde además de estar creando, estás llevando a tu compañera...
CH: Conozco ese fraseo y sé cuánto dura, sé cuándo tiene que terminar, y voy preparando el movimiento sobre la marcha, para que quede justo con la música.

M: Entonces el valor de conocer la estructura musical es importante.
CH: Es básico. Muchos de los bailarines profesionales conocen los tangos pero no en profundidad. Tendría que haber una investigación más fuerte de lo musical. No me refiero a los ritmos, los fraseos o la duración, sino a la estructura, los matices y los colores. Hay un montón de riqueza para aprender en relación a la música. ¡Es infinita!

M: Además, lo interesante es que la interpretación musical no sea literal. Vos tenés una impronta y mucha gente sigue tu forma de manejar la música, pero veo cierta falta de comprensión. ¡No se trata de marcar todos los acentitos! (risas) Lo maravilloso del baile del tango es la posibilidad de usar la música de forma aleatoria y personal ¿En qué situación ves a la nueva corriente en relación al baile de exhibición?
CH: Hay un montón de profesionales que han captado esta nueva información y quieren ponerla en sus coreografías. Pero es un material que todavía no está afinado, necesita un tiempo de maduración hasta que se afiance y se pueda usar como elemento de expresión.

M: Se ven aún los pasos más que una expresión fluida.
CH: Creo que es cuestión de darle tiempo. •

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El Tangauta Nº 182 (DIC 2009) • © El Tangauta 2009 •
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E N G L I S H    T R A N S L A T I O N


Mariano ‘Chicho’ Frumboli
Essence and teaching



M: I would like to talk to you about the contribution that dancers and teachers can make from our experience to those who are learning.
CH: Each day that we go to a milonga, do an exhibition or a show, we are writing tango history, and this is a contribution. Many young people have gotten involved with tango; we are living the beginning of a powerful era. The genre is here to stay, there is no way that it will become hidden or marginalized again. It is constantly evolving.

M: But sometimes those who are starting lose themselves in all the multiple options.
CH: They are completely lost! I learnt with the last great milongueros, I took the information directly from them. Those who are starting to dance don’t have this experience, they learn instead from an intermediate generation that I am a part of; we are a nexus between these old dancers and those who are younger. The problem is that we missed something in the teaching, I take total responsibility, and other colleagues should do so as well. I can’t pass on what I have learned. I was crazy about creating, because I saw a new vein in the evolution of the movement. I threw myself into that, and I lost the way to be able to pass on the tango essence that I have very much inside. Because of this I feel that lately there are a lot of people who don’t understand or know what the real essence of this dance is.

M: You have been dancing for fifteen years. What changes have you noticed in the dance?
CH: Before, people worked with precision and a particular aesthetic, in a functional and mechanical way that gave it a form, and a style. Making a movement or taking a step implied an expression of the entire body. Currently, not only has the essence been lost but the weight of the dance as well, its density and importance. To me, this new tango lost a bit of the respect for what tango is.

M: The knowledge that the milongueros passed on to us intuitively, the indescribable flavor in the way they moved is lost …
CH: Yes, it took me five months to get on the dance floor of the milonga of Almagro, I didn’t dare to, and I went every Sunday only to watch. One breathed an air of respect that cannot be found now. Maybe I still feel it in some milongas like Glorias Argentinas, La Baldosa or in places that are further from the circuit of younger tango. I also took that essence from you and the dancers of your generation. I feel that the people of today are not motivated, they don’t want to work or research.
They don’t want to go to the bottom of the situation; they stay on the surface. This also has to do with the new movements and dynamics that are used, if they are not performed with some power they turn out cold.

M: The internal discourse of the movement is as important as the external form.
CH: Ten years ago, when I went to milongas, I could stay watching a couple go once around the entire dance floor because there was something that attracted me, made me keep my eyes on them. Today I don’t watch for more than twenty seconds because they are all the same. You see a couple circling and the next one behind them is doing the same thing, and the rest as well. There isn’t anything that attracts me, which excites me. Except if I go to the few traditional places that are left.

M: Do you think that the people who dance automatically or repeating formulas could do it in a more internal way?
CH: This demands a lot of things! You know it, because you are a teacher as well, that currently, the available tango pedagogy is much more decoded than ten years ago and so it is easier to learn. Today you do a
volcada and a colgada and it is the same because they are there, commercially speaking, in the same package. Then, between doing a sandwichito or a volcada… people do a volcada! Because it’s more eye-catching. In tango people are self-centered, there is much individuality. They are not going to make a sandwichito to enjoy that moment, but whatever shows them more and better. In the musical field Astor Piazzolla broke with everything but you listen to it and it is tango. And today in the dance many think that they are Piazzolla and they aren’t. I see men and women that only worry about how they are seen from the outside. It is a pretty complicated situation because it has to do with a very porteño personality and identity.

M: But the milongueros from other times were also porteños!
CH: Yes, but those milongueros had respect, delicacy and sensibility, it was totally different. I know my role is contradictory, because I also collaborated in generating this young movement. In its moment I got tired of the strict milonguero codes that didn’t correspond with my time and to rebel I tried to make my way. Today I’m a milonguero again (laughter); I’m against the people who do not
cabecear (nod), who don’t have codes or respect. The value of tango has been diluted. That is why I say that many dancers are lost, they barely hold on to each other to dance and for two hours like zombies, it is very sad.

M: Sometimes I notice a competition between new currents that allow more ample movements, where the dancers use more space, and those who defend traditional tango with a closed embrace.
CH: There’s something surprising about that. There are the traditionalists who defend roots to the death and then there are those modern or alternative dancers, in other words, new tango. But if you think about it there is nothing in the middle. The traditionalists complain about the modern ones contending that they don’t dance tango, instead they do gymnastics, and the modern dancers complain that the others got stuck in time. There is no fusion, it is one group against the other, and it makes me sad because in reality we are all together.

M: Do you have any wish in relation to tango? Any pending undertaking?
CH: I’m going to tell you a story. I was into rock-and-roll; I had long hair and played the drums. I hated tango, I didn’t like it one bit, I couldn’t even listen to it. But when I went to take a class with Ricardo Barrios and Victoria Vieyra, I embraced my dance partner for the first time and I got goose bumps. I said, “there’s something going on here…” and I never stopped. That magical moment was my beginning. On the other hand, a few years ago I went to the “La Trastienda” milonga organized by Horacio Godoy. I walked in and I saw you. I wanted to dance with you but second-guessed myself. I went back and forth until I asked you. I remember we were talking, then we embraced each other and in that moment I felt 40 years of tango. In the embrace, do you understand? We hadn’t taken a single step! It was simply from the way in which you held me. For me that was the most powerful moment of the tanda. Then we danced for a long time. It was great, we did all sort of things, I enjoyed myself. But the moment of that embrace, like the one of my first class and some others, have marked me in regards to my relationship with the dance. I’m talking about the intimacy of the embrace. With very few people have I been able to feel the same way, much has been lost. My wish for the dance of tango, then, is that the shared intensity returns, in the soul. Not to stay in the surface, but to feel it inside. That the genre evolves from that intimacy. The essence of tango is in the embrace and the person you are dancing with.

M: What else can I say? Thank you!


Improvisation and Music



M: You are a great improviser and it fascinates me to see you create. Can guidelines be transmitted to improve creativity in improvised exhibition?
CH: Maybe I am a ‘kamikaze’. What provokes in me sensation or emotion makes me move. Every tango is a different and powerful moment. I have designed choreographies, not many, because after repeating them a couple times I can’t find any more risk and, when I don’t have it, everything seems too easy. What motivates me is being on the edge, on the verge of falling, and getting away with it. Improvisation has that. Every time I’m going to dance, I choose the music and the number of songs at that moment. I try to connect with Juana Sepulveda, my partner, to create and artistic moment, of transmission or expression, right there, in that moment. I do not prepare it nor do I think about it. Sometimes it works and sometimes it doesn’t.

M: There is no design or pre-established plan?
CH: No, I never did that. Maybe I do some steps that I experimented with in the milonga, which is my place of practice. If something doesn’t work, I don’t insist, because I might loose the connection I have with myself, with my partner and with the people. I have danced with orchestras of great prestige, in theatres all over the world, without doing choreography. Depending on the case maybe I prepare the entrance and the exit, but not the dance in itself.

M: Sometimes, when I see you dance it looks as if the structure of your dance was thought of for its harmony and musicality.
CH:: It has to do with the fact that I was a musician for many years, which is why I understand its structure, whether it is Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo, Piazzolla or Electronic tango. The only thing I plan is a selection of tangos that I know well, to be able to play at precise moments. I try to always give what I think belongs there.

M: All of this happens on the spot? There are times when you do a sequence that has a certain duration, that has been made a certain way with a determined phrasing, where in addition to creating you are leading your partner…
CH: I know that phrase and how long it lasts, I know when it has to end and I prepare the movement along the way so that it fits perfectly with the music

M: So the value of knowing the structure of the music is important.
CH: It is crucial. Many of the professional dancers know the tangos but not in depth. There should be a stronger research of the music. I’m not talking about the rhythms, the phrasing or the duration, but the structure, the nuances and the colors. There is richness to be learned in relation to the music. It is infinite!

M: Also, what’s interesting is for the musical interpretation not to be literal. You have a style and many people follow your way to managing the music, but I see a certain lack of comprehension. It’s not about marking every little accent! (laughter) What’s marvelous about tango is the possibility of using the music in a random and personal way. How do you see the new current in relation to exhibition dancing?
CH: There are many professionals who have captured this new information and want to put it in their choreographies. But this material is not refined yet, it needs time to mature until it consolidates itself and can be used as an element of expression.

M: What one still sees are the steps instead of a fluid expression
CH: I think it is a question of giving it time. •

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