Entrevista | Interview

Juan José Mosalini


Acá, allá y en todas partes | Here, there and everywhere


Residente en Francia desde hace más de treinta años, el reconocido bandoneonista argentino Juan José Mosalini integró algunas de las más reconocidas orquestas típicas y fue miembro fundador de ensambles renovadores. Hoy es titular de una cátedra de bandoneón en un reconocido conservatorio europeo. En diálogo con El Tangauta confirmó que a fin de mes visitará la Argentina para presentarse junto al trío de Pablo Agri.

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Renowned argentine bandoneon player Juan Jose Mosalini, who has lived in France for more than thirty years, has played in some of the most recognized orquestas tipicas and was a founding member of ensembles that brought renewal to the genre. Today he heads the bandoneon department of a distinguished European music conservatory. In a conversation with El Tangauta he confirmed that he would visit Argentina at the end of the month to appear with the Pablo Agri trio.


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Textos | Texts: Lisandro Gambarotta
Traducción | Translation: Dolores Longo
Exclusivo para | Exclusively for: El Tangauta



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Exiliado en Francia desde 1977 recién en 2008 el público porteño pudo volver a verlo, en el marco del Festival de Tango.

Exiled in France since 1977 and not until 2008 was the public able to see him again at the Festival de Tango.








R E A D    E N G L I S H    T R A N S L A T I O N    H E R E



Juan José Mosalini
Acá, allá y en todas partes



Residente en Francia desde hace más de treinta años, el reconocido bandoneonista argentino Juan José Mosalini integró algunas de las más reconocidas orquestas típicas y fue miembro fundador de ensambles renovadores. Hoy es titular de una cátedra de bandoneón en un reconocido conservatorio europeo. En diálogo con El Tangauta confirmó que a fin de mes visitará la Argentina para presentarse junto al trío de Pablo Agri

Juan José Mosalini debió exiliarse en Francia en 1977. Nunca dejó de regresar a la Argentina, su país natal, a pasear, a reunirse con su familia y amigos. En el año 1986 dio un concierto en el Teatro San Martín y recién en 2008 el público porteño pudo volver a verlo, en el marco del Festival de Tango.

“Esa reencuentro fue tremendo. Cuando uno se separa de su lugar natural es violento, conmovedor, está nutrido de montones de sensaciones. Y encima toqué en el Teatro Avenida, que tiene para mí un valor especial porque mi abuela, que era sevillana, me llevaba por los espectáculos de zarzuelas. Entonces todo eso fue volver a vivir cantidad de sensaciones que formaban parte hasta de mi niñez, sumado al público y destacados colegas que presenciaron la función. En definitiva fue una confrontación nutrida de un cúmulo de sensaciones, que algunas se explican y otras no.”

Pese a las dificultades pudo realizar una destacada carrera durante su exilio
Tengo muy presente esa época porque uno se va con una valija llena de ilusiones y de ahí a concretarlas hay todo un camino por hacer. Al poco tiempo de llegar a Francia con el ‘Chango’ Farías Gómez grabamos el disco Lágrima, que es de raíz folclórica pero de amplio espectro. Nos acompañaron entre otros músicos Gustavo Beytelman -en arreglos y piano-, Enzo Gieco y Tomás Gubitsch. Pocos meses después junto con ellos tres formamos el ensamble “Tiempo Argentino”, y realizamos presentaciones en teatros parisinos como El Palacio de las Artes y El Olympia. La recepción de la prensa fue muy buena y cumplimos varias giras por Europa. En 1978 grabé Che bandoneón, un disco solo de bandoneón, una innovación para la época, que tuvo un prefacio grabado por Julio Cortázar, a quien conocí a partir de la formación de un grupo de argentinos exiliados en Francia, dedicados a la cultura. Había una concordancia de ideas, cada uno con su visión.

¿Esa concordancia tenía como eje la lucha por la vuelta a la democracia en la Argentina?
Sí, nos habíamos ido exiliados pero nunca perdimos nuestro fuerte compromiso político. Por ejemplo, desde su origen “Tiempo Argentino” fue un grupo consustanciado con la realidad de la época. Decidimos dar nuestro modesto aporte como músicos, ser solidarios con diferentes acciones por la vuelta de la democracia. Entonces, por ejemplo, juntábamos dinero para pagar abogados que luchaban por los presos políticos, como fue el caso del reconocido pianista Miguel Ángel Estrella. Esa era nuestra misión extra musical, estar comprometidos con los acontecimientos de la época.

¿Se acostumbró a vivir en París?
Los franceses tienen una expresión justa,”el mal del país”, es decir, abandonar el lugar natural produce un estado de ánimo particular, cargado de nostalgia, que a veces hasta se expresa con lágrimas. No es nada simple el exilio. Pero el hombre es un animal de costumbres también, en consecuencia uno se habitúa, cambia, se mimetiza, se inserta en ese mundo cultural diferente, contrastado, pero con afinidades, tiene mucho de latino, con antecedentes con la ciudad de Buenos Aires. Creo que hay una hermandad sin pedirla, sin escribirla, un especie de ida y vuelta constante, que se manifiesta con la literatura, la pintura y las artes plásticas en general. Y por supuesto con el tango.

Y esa afinidad por el género permitió que le ofrecieran ser titular de la cátedra de bandoneón en el Conservatorio de Gennevilliers
Sí, desde fines de la década del ’80 y me acompaña Cesar Stroscio. Ese conservatorio fue el primero en Europa en tener una cátedra de bandoneón, en consecuencia los interesados por el instrumento empezaron a llegar de diversos países: Alemania, Suecia y Noruega, entre otros. Y hoy hay alumnos que incluso viajan desde Argentina, Taiwán o China. Creo que esto se da porque el género empezó a tomar una proporción universal, y el bandoneón en consecuencia se convierte en voz casi principal. Pero también se da el fenómeno por el cual el bandoneón se convierte en un instrumento interesante para muchos en sí mismo, más allá del tango, se comenzó a utilizar para tocar diversas músicas del mundo. En nuestro país, por ejemplo, también se lo utiliza para el folclore. Y así es como el bandoneón ocupa un lugar importante en el mundo, incluso se ha vuelto a construir, hoy hay cuatro fabricantes en Europa.

¿El tango está de moda?
Creo que son varios los factores que llevan a que hoy el tango tenga una presencia acentuada en el mundo, pero claramente se destaca la crisis política, económica y cultural de la Argentina que produjo un enorme éxodo, de millones de personas, muchos músicos, quienes desarrollaron sus proyectos en Europa, y eso generó una llamita que produjo un redescubrimiento del tango en el viejo continente. Y nuestra música ciudadana apasiona incondicionalmente desde que se la escucha por su poesía, que es enorme en cantidad y calidad, y la danza también. Y todo esto produjo un gran interés que devino en moda, fundamentalmente por la danza, pero también, por ejemplo, por las formaciones convencionales tangueras, como la orquesta típica, que hoy prolifera en nuevos grupos en un número enorme.

Usted tuvo una destacada experiencia en algunas de las más importantes orquestas típicas de la Argentina, como por ejemplo la de Osvaldo Pugliese
Trabajar con Osvaldo fue una experiencia riquísima, siete años que me marcaron enormemente, como le sucedió a todo los músicos que pasaron por esa orquesta. Es un capital único. Fue una escuela de muchísimas cosas: desde musicales hasta de la vida. El criterio de Pugliese de trabajar como una cooperativa, como una familia, se traducía en la práctica en que todos los integrantes estábamos comprometidos a crear condiciones de trabajo favorables, entendiendo a esa orquesta como un espacio prioritario de trabajo.

¿Y cómo recuerda su experiencia con Ástor Piazzolla?
La relación con él surge a mis 17 años cuando me convertí en músico profesional. Por pura casualidad él vio una emisión televisiva donde yo participé y me envió una linda carta, luego lo conocí, me invitó a ver un show que él hacía en ese momento y se inició una relación en términos musicales de padre a hijo. Entonces empecé a frecuentarlo más asiduamente, participaba de sus ensayos, nuestra relación se hizo cada vez más íntima, la amistad tomó proporciones, compartimos temporadas en Mar del Pata durante años

Pero también buscó su propio camino y participó en experiencias diferentes para la época, como Quinteto Guardia Nueva y Generación Cero
He participado de las aventuras musicales tangueras que tuvieron que ver con mi generación, y es cierto que entrábamos en el conflicto de querer romper ciertos cánones, teníamos una postura contestataria y por eso nos lanzábamos en experiencias de alguna manera osadas, que rompían la tradición tanguera, entonces producían una reacción y por eso fuimos criticados, como tantos otros. Hoy pasa lo mismo, aquellos que empiezan a variar, a querer encontrar un camino propio, son una provocación constante. Piazzolla lo vivió al ser un artista casi único por el ímpetu que tenía, por la creatividad, y encontró una veta en la cual fue inconfundible y sigue siéndolo. Pero él también producía reacciones: grandes discusiones, conflictos con la Orquesta de Pugliese, con Horacio Salgán y tantos otros, pero había también una cuestión admirativa y de respeto de muchos, y algunos se arrimaban, Emilio Balcarce por ejemplo.

Otra experiencia destacable fue el quinteto que formó junto a Antonio Agri
Fue una experiencia única, lo conocí a través de Piazzolla y me convertí en un admirador incondicional, me resultaba increíble cómo tocaba el violín, fue uno de los grandes del tango, con un estilo muy personal. El azar nos reunió por primera vez en 1988 durante la gira por Europa del espectáculo Tango, memoria de Buenos Aires que musicalizó Juan ‘Tata’ Cedrón. Luego realizamos juntos una versión de Los mareados, el resultado fue fantástico y lo grabamos en un disco. Por esa experiencia nos hicimos muy amigos y tiempo después creamos el ensamble Mosalini Agri Quinteto, del cual se editó recientemente en la Argentina nuestro único disco. En la actualidad continúo trabajando con el quinteto, que ahora está formado por Leonardo Sánchez en guitarra, Cristian Zárate en piano y Roberto Tormo en contrabajo. Luego del fallecimiento de Antonio Agri, se sumó a la orquesta su hijo Pablo. Todos estos músicos son jóvenes de una notable capacidad.

¿Cómo ve a las nuevas generaciones?
Estoy admirado e increíblemente sorprendido. En lo que va del siglo XXI está pasando algo que no sucedía hace mucho tiempo: entre los jóvenes está bien visto dedicarse al tango. Mi generación no lo vivió, éramos un puñado, con enormes problemas de todo tipo. Hoy es muy bien visto, por ejemplo, un bandoneonista a nivel generacional, en mi época no era así, se le tenía cierta cuota de desprecio e indiferencia, los jóvenes estaban estimulados por otras corrientes musicales, provenientes de multinacionales que trataban de imponer ciertos tipos de géneros, estamos hablando de la década del ’60. A mí también me gustaban los Beatles, pero detrás de ellos había mucha porquería, y eso averió seriamente toda una identidad. Pero hoy hay una gran cantidad de bandoneonistas, arregladores y compositores, entre otros. Es un motor en marcha alucinante, en Argentina y en el exterior. Porque yo soy testigo de lo que está pasando en muchos lugares y puedo asegurar que hoy es mentira aquello de “para hacer un buen tango es necesario tener el pasaporte argentino”. El tango hay que estudiarlo, no viene con la nacionalidad. Si no se trabaja, si no se estudia, si no se milita, no se aprende.

¿Cuáles nuevos músicos de nuestro país le interesan?
Me parece magnífica Sonia Posetti. También me interesó el contrabajista Juan Pablo Navarro, integrante de la Orquesta del Tango de la ciudad de Buenos Aires, de quien escuché composiciones muy osadas y contemporáneas. También me gusta Ramiro Gallo y la Orquesta El Astillero

Al haber tenido una carrera tan prolífica, ¿cómo definiría su estilo?
No sé si tengo estilo. Me formé en un medio tanguero en el cual el biberón cotidiano me lo fui tomando, porque tuve la suerte de tocar al lado de Osvaldo Pugliese, Leopoldo Federico, Horacio Salgán, Edmundo Rivero, Osvaldo Manzi y tantos otros. En consecuencia todo eso es una acumulación constante, luego parece ser que empieza uno más o menos a moldearse, de tal manera que es imperceptible el cambio.
Un día le pregunté a Pugliese “¿cómo hizo para resolver el problema del estilo?” Osvaldo se me quedó mirando y dijo: “Yo qué sé si tengo estilo, ‘laburo’ todos los días y no me hago demasiadas preguntas.”
Hay gente que cree que el estilo es producto de la alquimia, de encontrar los ingredientes para luego ponerlos en una batidora y sale el estilo nuevo. Y no es así, es un trabajo paulatino, que a veces viene y a veces no. •

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El Tangauta Nº 182 (DIC 2009) • © El Tangauta 2009
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Juan José Mosalini
Here, there and everywhere



Renowned argentine bandoneon player Juan Jose Mosalini, who has lived in France for more than thirty years, has played in some of the most recognized orquestas tipicas and was a founding member of ensembles that brought renewal to the genre. Today he heads the bandoneon department of a distinguished European music conservatory. In a conversation with El Tangauta he confirmed that he would visit Argentina at the end of the month to appear with the Pablo Agri trio.

Juan Jose Mosalini went to exile in France in 1977. He never stopped returning to Argentina, his native country, to visit and to see his family and friends. In 1986 he gave a concert at the San Martin theatre and not until 2008 was the public able to see him again at the Festival de Tango.

“That reunion was tremendous. Being separated from one’s natural place is a violent, moving experience and one is filled with many sensations. And on top of that, I played at the Avenida Theater, which for me has a special meaning because my grandmother, who was from Sevilla, used to bring me there for zarzuela shows. So I experienced again many feelings that were part even of my childhood, in addition to those caused by the public and the distinguished colleagues who attended the performance. It was definitely a meeting filled with many sensations, some of which can be explained while others cannot.”

In spite of the difficulties you had a distinguished career during your exile
Those times are fresh in my mind because one leaves with a suitcase full of illusions and from there on to accomplishing them there’s a whole road to be traveled. A short time after arriving to France with “Chango” Farias Gomez we recorded the album Lagrima, which has folkloric roots but a wide spectrum. We were accompanied among other musicians by Gustavo Beytelman –on arrangements and piano-, Enzo Gieco and Tomás Gubitsch. Shortly afterwards we formed with them the Tiempo Argentino ensemble and we performed in Parisian theaters such as the Palace of the Arts and the Olympia. The reaction form the press was very good and we did several tours of Europe. In 1978 I recorded Che Bandoneon, an album of just bandoneon, an innovation for the era, which had its preface recorded by Julio Cortazar, whom I met during the formation of a group of argentines exiled in France, dedicated to culture. There was agreement on the ideas, each one with his own vision.

Was the axis of that agreement to strive for the return of democracy to Argentina?
Yes, we had gone into exile but we never lost our strong political commitment. For example, since its birth
“Tiempo Argentino” was a group immersed in the reality of the times. We decided to show our modest solidarity as musicians, and be supportive of different actions that had the return to democracy as a goal. So, for example, we collected money to pay for lawyers that fought for political prisoners, as was the case with distinguished pianist Miguel Angel Estrella. That was our extra-musical mission, to be committed to the events of the era.

Did you get used to living in Paris?
The French have the perfect expression, which translates like the “sickness of the country”. That’s to say, abandoning the native place produces a particular state of mind, nostalgic, and sometimes it is expressed through tears. Exile is not simple. But man is an animal of habits also, and as a consequence he gets used to new things, he changes, he mimics, he inserts himself in that culturally different world, with disparities but also with affinities. Paris has a Latin influence, with similarities to Buenos Aires. I think there is an implicit, unrequested brotherhood, with an unwritten, constant dialog, that manifests itself through literature, paintings and the arts in general. And of course with Tango.

And that affinity with the genre allowed it for you to be offered the position of head of the bandoneon department at the Gennevilliers Conservatory of Music.
Yes, since the end of the 80’s; Cesar Stroscio accompanies me. That conservatory was the first in Europe to have a bandoneon department; as a consequence those interested in the instrument began to arrive from different countries: Germany, Sweden, and Norway, among others. Today there are students who travel even from Argentina, Taiwan or China. I think that this is because the genre started to take on universal proportions, and the bandoneon has become an instrument interesting for many on its own, aside from tango, it has started to be used to play music from all over the world. In our country, for example, it is also used to play folkloric music. And this is how the bandoneon occupies an important place in the world. It has also started to be manufactured again. Here in Europe, there are four factories.

Is Tango fashionable right now?
I think that there are various factors that explain why Tango today has an increased presence in the world, but clearly the main one is the political, economic and cultural crisis of Argentina, which produced an enormous exodus of millions of people, many of them musicians, who developed their projects in Europe. That generated the little flame, which produced a rediscovery of tango in the old continent. And our urban music generates unconditional passion since it is listened to for its poetry, which is enormous in quantity and quality, and for the dance as well. All of this produced a great interest, which turned into a fashion, fundamentally because of the dance, but also, for example, because of the conventional tango formations, like the orquesta típica, which today is prolific in new groups.

You had the distinguished experience of being part of some of the most important orquestas típicas of Argentina like, for example, that of Osvaldo Pugliese
Working with Osvaldo was a very enriching experience; those seven years marked me enormously, as it happened to every musician who passed through that orchestra. It is a unique asset. It was a school of many things: from musical ones to those of life itself. Pugliese’s rule was to work as a cooperative, as a family, and that translated empirically into the fact that all of the members were committed to creating favorable work conditions, giving the orchestra the standing of a priority workspace.

How do you remember your experience with Astor Piazzolla?
My relationship with him started when I was 17 years old and became a professional musician. By sheer coincidence he saw a television program where I participated and he sent me a nice letter, then I met him, he invited me to see a show he was doing at the time and that was the beginning of a relationship that in musical terms was like that of a father and son. So I began to see him more and more frequently, I participated in his rehearsals, our relationship became closer, a friendship grew, and we shared summers in Mar del Plata for years.

But you also looked for your own path and participated in experiences that were different at the time, like the Quinteto Guardia Nueva and Generacion Cero.
I participated in the tango musical adventures of my generation, and it is true that we entered in the conflict of wanting to break certain rules, we had an in-your-face posture and for that reason we threw ourselves at experiences somewhat daring, because they broke with the tango tradition, and so they produced a reaction and for that reason we were criticized, like many others. Today the same thing happens, those who begin to change things, who want to find their own path, are a constant provocation. Piazzola lived it for having been a unique artist due to his strength and creativity, and he found a niche in which he was and still is unmistakable. But he also produced reactions; great discussions, conflicts with Pugliese’s Orchestra, with Horacio Salgan and many others, but his work was also admired and respected by many, some would even get close to him, like Emilio Balcarce for example.

Another distinguished experience of yours was the quintet that you formed along with Antonio Agri
It was a unique experience, I met him through Piazzolla and I converted myself in an unconditional admirer, I thought it was incredible how he played the violin, he was one of tango’s greatest, with a very personal style. Chance united us for the first time in 1988 during the tour of the show
Tango, Memoria de Buenos Aires with music by Juan “Tata” Cedron. Then we did a version of Los Mareados together, the outcome was fantastic and we recorded it. Because of that experience we became good friends and later on we created the Mosalini Agri Quinteto, which recently had its only album published in Argentina. I continue working with the quintet that is now formed by Leonardo Sanchez on guitar, Cristian Zarate on piano and Roberto Tormo on double-bass. After the death of Antonio Agri, his son Pablo took his place. All of these young musicians are extremely talented.

How do you see the new generations
I admire them and am incredibly surprised. In what has gone by of the 21st century something is happening that never happened before: amongst the young it is acceptable to dedicate oneself to tango. My generation was not like that; we were a handful, with enormous problems of every kind. Today to be a bandoneon player is not a bad thing at the generational level, in my time it was not like that, there was a certain amount of indifference or disdain, young people were stimulated by other musical currents coming form multinational companies that tried to impose certain genres, we’re talking about the 60’s. I also liked the Beatles, but behind them there was garbage, and that seriously damaged the identity of the listeners. But today there are many bandoneon players, technicians, and composers, among others. It’s a hallucinating, well-oiled machine, in and outside of Argentina. I am a witness of what is happening in many places and I can assure that it is a lie that today “to play good tango it is necessary to have an argentine passport”. Tango has to be studied; it has nothing to do with nationality. If you don’t work on it, if you don’t study it, if you don’t fight for it, you won’t learn it.

Which new musicians from our country interest you?
I think Sonia Posetti is magnificent. I also like double-bass player Juan Pablo Navarro, a member of the Tango Orchestra of the city of Buenos Aires, whose compositions I have listened to and are very daring and contemporary. I also like Ramiro Gallo and the El Astillero Orchestra.

After having had such a prolific career, how would you define your style?
I don’t know if I have a style. I was formed in a tango environment from where I took daily nourishment, because I was lucky enough to play next to Osvaldo Pugliese, Leopoldo Federico, Horacio Salgan, Edmundo Rivero, Osvaldo Manzi and so many others. As a consequence all of that is a constant accumulation, then it seems that one begins to define oneself in such a way that you don’t even notice the change.
One day I asked Pugliese
“how did you solve the problem of style?” Osvaldo looked at me and said: “I don’t know if I have a style, I work every day and I don’t ask myself too many questions.”
There are people who think that style is a product of alchemy, of finding the right ingredients to then put them in a blender and a new style is produced. It is not like that, it’s a step-by-step job, sometimes it happens and sometimes it doesn’t. •

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