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Juan Carlos Copes


Caudillo milonguero


Juan Carlos Copes es el pionero que llevó el tango al escenario. Fue éxito en Broadway en la década del ’60 luchando contra la sombra de Valentino y creó la coreografía del mítico Tango Argentino. En reconocimiento a sus cincuenta años con la danza ciudadana será el homenajeado central del Mundial de Tango.


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Copes en la historia del tango

Copes en Tango Argentino y en la película Tango



Milonguero leader

Juan Carlos Copes pioneered stage tango. He was a success on Broadway in the 60’s, fighting against the shadow of Valentino. He is the creator of the mythical Tango Argentino choreography. As a tribute to his fifty years with tango, he will be honored in the Tango World Championship.


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Copes in tango history

Copes in Tango Argentino and movie Tango



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R E A D    E N G L I S H    T R A N S L A T I O N    H E R E


Juan Carlos Copes
Caudillo milonguero



Textos | Texts: Lisandro Gambarotta
Traducción | Translation: Dolores Longo
Fotos | Photos: Carlos Furman
Exclusivo para | Exclusively for: El Tangauta


¿Cuál es su actualidad con el tango?
Me estoy presentando de martes a domingos en “Esquina Carlos Gardel”, donde hago un show en el que bailo Quejas de bandoneón, La Cumparsita y Danzarín. Son los tres temas que no puedo cambiar, estoy acostumbrado a ellos. Tengo muchas ideas de nuevos espectáculos pero para hacerlos se necesitan sponsors que hoy, para el tango, no hay. Parece que no tuviéramos industria nacional.

¿Se puede vivir del tango danza?
No, lamentablemente es pan para hoy y hambre para mañana. Como el tango danza no tiene una magistratura, elegir coreografías y entender cabalmente de qué tratan depende mucho del gusto personal. Además, hay mucha gente de otras disciplinas que está usufructuando el tango. Hoy en día una pareja de danza clásica, contemporánea o folclore monta un espectáculo con un tango, una milonga y un vals criollo y al otro día está en Hong Kong o Europa. A mí me llevó un año preparar algo para poder viajar a Nueva York.

Pero existen varios espacios en Buenos Aires que ofrecen espectáculos de tango con una gran inversión detrás.
Son infraestructuras montadas para el extranjero, “for export”. La mayoría de esos lugares cobran caro y en dólares, por eso el público local no puede ir. No entiendo cómo no se aprovechan teatros del nivel del Cervantes, el San Martín, el Alvear o el de la Ribera, donde se podrían hacer buenos espectáculos con entradas más razonables. A fines de la década del ‘90 monté un show con precios verdaderamente accesibles y descuentos para jubilados. Se llamó Sentimiento de Tango y me acompañaba el cantor Alberto Podestá, una orquesta y bailarines. Era un espectáculo respetable y, en el final, bailábamos con el público y la gente se iba feliz.

¿En qué falla el estilo “for export”?
No hay seducción ni comodidad. El tango es dos y un sentimiento. ¿Y dónde está el sentimiento si yo estoy mirando que ella no se caiga y ella me mira el pie? Es necesario entender los puntos claves del tango danza. El hombre tiene tres responsabilidades: cabeza, tronco y extremidades. La mujer debe saber acompañar a un hombre que sepa hacerla lucir suavemente, sin necesidad de correr sobre el escenario o haciendo acrobacias. Y lo sé porque yo estudié acrobacia en Estados Unidos, pero para emplearla en el marco de las historias que contaba en el escenario, no para hacer una exhibición de acrobacia. Lo más difícil en el tango es hacerlo fácil. La danza del género se centra en saber morder el piso, es decir, caminar el tango, escuchar cada instrumento e interpretarlo en particular. En tanto la música no sea un divague, el cual es un error recurrente en los conjuntos nuevos. Porque además hoy no tenés a D’Arienzo, Pugliese o Troilo para que te marquen claramente el ritmo.

¿Qué opina de las nuevas orquestas típicas?
Las nuevas generaciones de músicos son muy inteligentes y preparadas, tal vez más que aquéllas de la década del ’40. El problema es que todavía están demostrando la calidad de lo que tocan o su capacidad. Entonces se refugian mucho en Ástor Piazzolla o en pseudos modernismos como el tango electrónico, variación que no tiene presente al baile.

¿Qué recuerda de sus inicios como milonguero?
Un aprendizaje rápido: en dos años me hice milonguero. Sucede que la primera vez que vi bailar me volví loco: lo que hacían con las piernas, sus ropas, las mujeres… y yo con mi uniforme de estudiante. Se bailaba en espacios grandes, entonces los hombres buscaban su lugarcito para lucirse, y cuando lo hacían verdaderamente me deslumbraban. A partir de esa noche cambió mi vida, nunca lo voy a olvidar: trabajaba en el Ministerio de Educación, estudiaba electrotécnica y a la noche me iba a cualquier milonga. Años después en el Club Atlanta, donde me convertí en caudillo, aprendí que el tipo que hacía muchos pasos perdía elegancia y el que se mantenía elegante no hacía pasos. Y creé un estilo propio a partir de la fusión de esas dos ideas: en su justa medida hacer pasos largos, felinos, pausados y tranquilos. Siempre respetando la música, a muerte. Y llegaba un momento que bailando (me pasaba por ejemplo con Recuerdos de Pugliese) sentía algo tan especial en el estómago… que se transmitía a todo mi cuerpo y se me caían las lágrimas, con cara de póquer obvio, pero la mujer me lo respetaba o lloraba conmigo. Llorábamos bailando. Eso no se puede representar en un escenario.

¿Por qué decide pasar de amateur a profesional?
No fue mi decisión. Yo habría seguido a muerte en el Club Atlanta si el tango hubiera mantenido la misma línea y el mismo valor. Pero al tango lo hundieron. Si hasta me llevaron preso de Atlanta, porque acusaban al ambiente de marginal y delincuente. Entonces tomé una decisión: junté a un grupo grande de bailarines amateurs y organicé la primera obra de danzas porteñas. Fue un espectáculo de dos horas donde contaba historias de tango, representando temas clásicos del género como A la Gran Muñeca, Halcón Negro y Organito de la tarde. Eso fue el 4 de noviembre de 1955. Yo no me consideraba profesional, para nada. Pero lo hice. Y con las familias de los muchachos llenábamos el teatro y todos contentos. Tenía ideas que necesitaba expresar y no podía volver al club.

Y por esa fecha conoce al empresario teatral Carlos Petit…
Sí, me reuní con él en su oficina del Teatro Nacional. Le mostré unas fotos del espectáculo que habían sido publicadas en la revista “Grandes valores del tango” que editaba Alejandro Romay. Las enmarcaba el título “El tango cobra vuelo de ballet”. Le interesó y me pidió presenciar una función. Luego firmé mi primer contrato profesional, debutando en los teatros Tabarís y Nacional. Ese fue mi debut profesional, el 30 de diciembre de 1955. Al día siguiente, en el brindis de fin de año dije “¡Hasta Nueva York no paro!”. Y se dio.

¿Cuál es el recuerdo de su primera visita a Broadway?
Fue en el año 1962, con María Nieves hicimos un capote bárbaro con nuestro estilo. Por eso nuestro enemigo mayor fue el actor Rodolfo Valentino. Para el público norteamericano, inglés o canadiense el tango era Valentino, tal como él se disfrazó para el largometraje Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Pura pinta, como si hoy le pusieran una coreografía de tango a Brad Pitt. Era el ‘latin lover’, pero de tango, nada, así se entendía el tango en aquellas latitudes. A nosotros nos distinguía la velocidad, porque en la Argentina entre los amateurs la competencia era en velocidad y en la limpieza de los pasos a tierra, siempre respetando los estilos de cada orquesta. Por eso en los Estados Unidos decían que era un nuevo tipo de twist dentro del tango. Pero no nos definían como tangueros, llamaban a nuestro estilo “fast tango”.

¿Qué códigos de su época se mantienen y cuáles no?
Tomemos en cuenta que cambiaron el siglo, la ciudad de Buenos Aires y la economía. Sigue vigente sacar a la mujer a distancia, pero también hoy en día avanza más la mujer que el hombre. ¡Pensar que en mí época las chicas iban acompañadas por una tía o una hermana!, ¡pero nunca solas...!

¿El rol del hombre también era otro?
El hombre debía pensar, saber transmitir y conseguir el resultado. Y todo eso logrando una simbiosis para que parezca un cuerpo con cuatro piernas. Mediando siempre la seducción, nada de la mujer colgando. Era lo más parecido a un abrazo de la vida real. Dentro de esa línea dependía de la orquesta la velocidad para bailar. Con D’Arienzo mucho apretado no se podía; con otros como Troilo, Pugliese o Di Sarli, sí.

¿Y la competencia entre los clubes o barrios?
Nosotros sabíamos que si íbamos a Mataderos teníamos que tener cierto respeto hasta que nos conocieran, y llevaba un tiempo. Por ahí una mujer del lugar te hablaba, pero sólo para darle celos a su hombre. Lo mismo pasaba en mi espacio, el Club Atlanta, donde fui caudillo. En las últimas tres piezas era cuando se armaba la competencia. Bastaba con un roce o una mirada fuera de lugar y terminábamos peleando en la calle. Hoy ya no es así, si se suscita una gresca es por otros temas, mucho más densos que los de aquella época. Me mantengo informado porque escucho a los jóvenes milongueros, a los que bailan bien, quienes cuentan también que los pibes más nuevos aprenden rápido pero practican en un solo lugar de la pista, es decir, cortan la circulación de la ronda propia de la milonga, o se te cruzan en la pista, eso es romper claramente los códigos.

¿Hay una moda del tango?
Es real que nunca hubo en la historia de nuestra música ciudadana tantas milongas, maestros y profesionales. Pero creo que se perdió un poco el ir a disfrutar del lugar y la música por el mero placer de bailar. Para mí el real sentido del tango danza es la simbiosis entre la mujer y el hombre, bailando para ellos y demostrando que saben caminar el tango.

Parece tener mucho para enseñar…
No es fácil la docencia. No hay subsidios, no te respalda nadie, la publicidad la tiene que hacer uno mismo y para muchísima gente si le cobras diez pesos es una exageración. Además, de los 50 alumnos que van a la primera clase en la segunda te quedan treinta y después veinte. Entonces trabajo dando clases para entidades extranjeras serias; por ejemplo, terminé hace un tiempo un seminario para la Universidad de Columbia y otro para una fábrica alemana de primer nivel, que hizo viajar a Buenos Aires a 200 de sus empleados. También doy clases individuales a extranjeros, de acuerdo a su importancia y si aceptan mi precio sin asustarse. Pese a todo, estoy con proyectos para dar clases populares, pero todavía lo estoy organizando. Tendría relación con las villas miserias y la lucha contra el paco.

Por su capacidad y experiencia sin lugar a dudas usted es un maestro.
Odio esa palabra. Hace más de cincuenta años que estoy con el tango y todo el mundo me dice maestro, pero no lo tomo en serio, aunque sé que tengo todos los códigos para enseñar.

Tampoco le gusta ser jurado.
Lo fui en alguna ocasión pero no quiero repetirlo, por dos razones: por ser siempre el más veterano y con más currículum de todos los jurados vi todas las evoluciones del género. Entonces soy juez pero también verdugo. Para mí lo más importante es que se baile tango, no interesa cómo lo hagan. Además premiar a uno significa volverse enemigo de los demás, sin quererlo, porque ineludiblemente hay que elegir. En una ocasión me sucedió que a una pareja de niños los habían vestido de “época”: a él lo habían disfrazado de compadrito y a ella de milonguera. Entonces le pregunto al entrenador: “¿Qué tango hicieron?”. “A fuego lento”, me responde. “¿Y te parece que para esa composición tienen que estar vestidos así? Si vos creés que el tango se quedó ahí, hay que hacer urgente un Museo del Tango y dar por finalizadas las pretensiones de avanzar en el género”, le respondí.

¿Qué tiene definido concretamente para su futuro?
Lo concreto es que voy a insistir hasta el final. Mi lema es “díganle a la parca que se vaya aprendiendo unos pasitos, porque Copes se va a ir bailando”. •

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El Tangauta Nº 178 (AGO 2009) • © El Tangauta 2009 •
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E N G L I S H    T R A N S L A T I O N

Juan Carlos Copes
Caudillo milonguero



Textos | Texts: Lisandro Gambarotta
Traducción | Translation: Dolores Longo
Fotos | Photos: Carlos Furman
Exclusivo para |
Exclusively for: El Tangauta

What is your current relationship with tango?
I am appearing in Esquina Carlos Gardel from Tuesdays to Sundays. In my show I dance Quejas de bandoneón, La Cumparsita and Danzarín. Those are the three tangos I unfortunately can’t change, I’ve become very used to them. I have a lot of ideas for new shows, new ideas to reinvent my performances. I don’t know if they’re original, but they sure are interesting. The problem is that in order to carry out my ideas, I need sponsors, and today in tango, there are no sponsors. It seems as though we don’t have a national industry.

Can a person make a living dancing tango?
No, unfortunately it always ends up being feast today, famine tomorrow. The thing is that the dancing of tango has no set of rules, so choosing dance routines and fully understanding their meaning ends up depending on personal taste. Besides, there are many people from other disciplines who are using tango. These days, any couple who dances classical, contemporary or folklore music puts on a show with a tango, a milonga and a vals criollo, and with those three dances they are in Hong Kong or Europe the next day. It took me a whole year to be able to travel to New York.

But there are several tango shows in Buenos Aires, backed by big investments
It’s an infrastructure that was created for foreigners, “for export”. In most tango places admission is expensive and charged in dollars which makes it inaccessible to the local public I don’t understand how theaters like the Cervantes, the San Martín, the Alvear or the Rivera that could be used to put on good shows at reasonable prices are not taken advantage of. I used to put on a show, in the late 90’s, with truly reasonable prices and discounts for senior citizens. It was called
Sentimiento de Tango and singer Alberto Podestá accompanied me, with an orchestra and dancers. It was a respectable show, at the end we danced with the audience, and the people went home very happy.

What are the flaws of the ‘for export’ style?
There is no seduction. There is no comfort. Tango is two persons connected by feeling. Where is the feeling if I am looking at her, hoping she doesn’t fall, and she is looking at my foot? It’s essential to understand the key points in tango dance. The man has three responsibilities: head, torso and extremities. The woman must know how to accompany a man who knows how to gently show her off, without having to run on stage or make acrobatic movements. I know this because I used to study acrobatics in the US. I studied acrobatics in order to use those movements within the framework of each story I was telling on stage and not to do an acrobatics exhibition. The hardest thing in tango is making it look easy. This dance focuses on knowing how to bite into the floor, that is to say, walking the tango, listening to and interpreting each instrument, as long as the music doesn’t ramble, which tends to be a common mistake in the new tango groups. These days we no longer have masters like Juan D’Arienzo, Osvaldo Pugliese or Aníbal Troilo among us to mark the rhythm clearly.

What is your view on the new orquestas típicas?
The new generations of musicians are very smart and well prepared, maybe even more so than those of the 40’s. The problem is that they are still trying to prove the quality of what they play, or their ability. So they shelter a lot behind Ástor Piazzolla or in pseudo modernisms like electronic tango, which is a variation that doesn’t take the dance into account.

What do you remember about your beginnings as a milonguero?
I remember learning very quickly: in two years I became a milonguero. The first time I saw the dance, I went crazy: what they did with their legs, their clothes, the women…and I was still in my school uniform. They used to dance in big spaces, so each man tried to find a small place to show what he could do. And when I saw them, I was dazzled. From that night on, my life changed. I’ll never forget it: I used to work in the Ministry of Education, I studied electronics, and at night I attended some any milonga. Some years after that, in the Club Atlanta, where I became the leader, I learned that he who performed a lot of steps lost elegance. The elegant ones were those who danced with very few steps. I created my own style by merging those two ideas: making just the right amount of long, feline, paused, calm steps. Always respecting the music to death. And the moment would come while I was dancing, when I started to feel something so special in my stomach, which was transmitted to my whole body and tears would pour from my eyes (it happened for instance while dancing
Recuerdos by Pugliese). I had to put on a poker face, of course. The woman respected my feelings, or sometimes cried with me. We cried while we were dancing. That is not something you can fake on stage.

Why did you decide to go from being amateur to professional?
It wasn’t my decision. I would have stayed and died at the Club Atlanta if tango would have kept the same line and the same value. But they sunk tango. I even got sent to prison from Atlanta, because they accused the tango environment of being marginal and criminal. So then I made a decision: I gathered a big group of amateur dancers and I organized the first show of dances from Buenos Aires. It was a two-hour show where I told tango stories, performing classic themes like
A la Gran Muñeca, Halcón Negro and Organito de la tarde. That was on November 4, 1955. I didn’t consider myself a professional, no way. But I did it. And we filled the theaters with the families of the group members, and everyone was happy. I had ideas that I needed to express and I couldn’t go back to the club.

That was about the time when you met entertainment entrepreneur and theater owner, Carlos Petit…
Yes, I met with him in his office at the Nacional Theater. I showed him some pictures of the performances that had appeared in the magazine “Grandes valores del tango”, published by Alejandro Romay. The headline of the pictures read, “Tango takes flight like ballet”. Petit was interested and asked me if he could come to see one of my shows. After that I signed my first professional contract, and premiered at the Tabaris and the Nacional Theaters. That was my professional debut: December 30, 1955. The next day, at the New Year’s Eve toast, I said “I won’t stop until I get to New York!” And that’s exactly what happened.

What do you remember about your first visit to Broadway?
It was in 1962; with María Nieves we became all the rage with our style. That’s why our greatest enemy was actor Rodolfo Valentino. To the North American, English and Canadian public, tango was Valentino, in the way he dressed up in the movie
The four horsemen of the Apocalypse. It was only a shallow image. As if you made actor Brad Pitt dance tango choreography. He was the ‘latin lover’. He didn’t know anything about tango. That’s how tango was understood in those latitudes. What made us different was our speed, because in Argentina, the competition between amateurs was all about speed and the neatness of our steps, always to the ground and respecting each orchestra’s style. That’s why in the US they used to call it “a new twist in tango”. They didn’t see us as tango dancers. They called our style “fast tango”.

Which codes have been kept since your time, and which codes have not?
Let’s just say that the century has changed, the city of Buenos Aires has changed, and so has the economy. We still ask the woman to dance from a distance, but we must not forget that this is a time where women sometimes are more assertive than men. To think that in my time girls would always be accompanied by an aunt or a sister, but never by themselves!

Was the role of the man also different?
The man had to think, he had to know how to transmit and get results. And all of that had to be done while generating a symbiosis, making it look like one body with four legs. Always by means of seduction. The woman couldn’t be just hanging. It was almost like a real life embrace. Within that frame, the speed of the dance depended on the orchestra. With D’Arienzo we couldn’t do too many things, with others like Troilo, Pugliese or Di Sarli, we could.

And what about the competition between the clubs or the neighborhoods?
We knew that if we were going to Mataderos, we would have to show respect until they got to know us. It would take some time. Sometimes a local woman would come and talk to you, but it was only to make her man jealous. The same would happen in my club, Atlanta, where I was the leader. The competition started in the last three songs. A simple bumping or an out of place look would be the start of a brawl, and we ended fighting in the street. These days things have changed. Fights are caused by much “heavier” reasons. I keep myself informed because I listen to the young milongueros, the ones who dance well, who tell me that the new kids learn very fast, but practice in one spot on the dance floor, which means that they block the circulation of the milonga or they cut right in front of you on the dance floor. Clearly, that is breaking the codes.

Do you think that tango has become a trend?
It’s true that never in the history of our urban music has there been so many milongas, teachers, and professionals. But I believe that people no longer go just for the sake of enjoying the space and the music, and the pleasure of dancing. To me, the real meaning of tango is the symbiosis between the man and the woman, dancing for each other, and showing that they know how to walk the tango.

You seem to have a lot to teach…
Teaching isn’t easy. There are no subsidies, no one backs you up, one has to do a lot of self-promotion, and many people complain if you charge them ten pesos. They say it’s too much. Besides, in the first class you have fifty students, then in the second class you have thirty, then twenty. So I end up teaching for serious foreign entities. For instance, I’ve recently finished a seminar for the University of Columbia and another one for a first class German factory, who sent two hundred of its workers to Buenos Aires. I also teach private classes to foreigners, according to their importance and if they accept my price without getting scared. Nevertheless, I have a project about teaching popular classes, but I am still organizing it. I would be involved with the slums and in the fight against crack cocaine

Without a doubt, with your skills and your experience, you are definitely a master
I hate that word. I’ve been in tango for more than fifty years, and everyone calls me a master, but I don’t take it seriously, even though I know that I have all the codes to teach.

You also don’t like being a juror
I’ve been a juror a few times, but I don’t want to do it again for two reasons: because I’ve always been the oldest and the most experienced of all the jurors, I’ve seen the genre evolve. So I end up being judge, but also executioner. The most important thing to me is that they dance tango, no matter how they do it. Besides, giving a couple a prize means turning the rest into enemies, even if you don’t want to, because you have to make a choice. Once, there was a couple of little children who had been dressed as in the old days: the little boy was dressed as a “compadrito” (swaggerer, upstart) and the girl as a “milonguera”. So I asked their coach what tango they had danced, and he answered “A fuego lento”. And so I answered back. “Do you really think that it is the appropriate clothing for that song? Do you really think that tango stopped in those times? If so, we need to urgently create a Museum of Tango and give up with our intentions of having the genre progress”

What do you see for sure in your future?
One thing I’m sure of is that I will keep on going until the end. My slogan is
“tell The Grim Reaper to start learning some steps, because Copes is going to leave dancing”. •

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